lunes, 9 de enero de 2017

Disculpen las molestias, “Ultramundo” está averiado.



Tengo una triste noticia que comunicaros, desde hace bastante tiempo no hemos podido introducir ningún artículo nuevo en el blog debido a un rarísimo error informático que por el momento nadie ha conseguido resolver. Provocando efectos tales como que ninguna red social cargue enlaces de nuestra página y lo más grave: “Ultramundo” ha desaparecido de buscadores como “Google”. Llevo 10 días trabajando a destajo para solucionar esto, ayudado por diversos informáticos, sin resultados. Si en los próximos días no consigo solucionarlo tendré que plantearme crear una página nueva.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Algunas conclusiones sobre 2016



Este año 2016 ha sido un año especialmente triste y casi diría preocupante en muchísimos aspectos. La cantidad de celebridades relacionadas con el cine y la música que han muerto multiplica varias veces a lo que se ha visto en años previos (Desde el fin de semana pasado la parca parece estar cachondeándose de nosotros). Por si esto fuera poco, el panorama político que se vive en sitios como España y los “Estados Unidos” es cuanto menos desalentador, he llegado a preguntarme si los políticos que se meten en “El Oficio” por pura vocación simplemente han desaparecido, dejando lugar al trepa, a ese individuo inmoral que solo busca el lucro y el beneficio propio a toda costa. Más preocupante es la nueva dictadura de este siglo: “LO POLÍTICAMENTE CORRECTO” que ha conseguido que todo el mundo odie a todo el mundo. Prácticamente estamos llegando al extremo en el que hombres y mujeres se temen mutuamente. Hace tiempo una colaboradora me habló de una charla que quiso dar sobre distopías, mi pregunta aquel día era si realmente no estábamos viviendo ya en una.

La gente suele hablar habitualmente del cambio, de que las cosas pueden mejorar, de esperanza. Creo firmemente que el aguantar sin hacer nada hasta que las cosas mejoren por si solas no tiene mucho que envidiar al milagro de los panes y los peces. En lo personal y en lo concerniente a “Ultramundo” he intentado algo mucho más osado: Tratar de mejorar en la medida de lo posible todo lo que me rodea, incluido uno mismo.


Una de las consecuencias de esta política, fue el intento de elevar “Ultramundo” a un proyecto editorial mientras se mantenía el nivel como “Blog”. Es sincero decir que con este “Blog” el resultado me ha sido desigual este año y no estoy satisfecho. Cierto es que secciones coma la literaria han pegado con mucha fuerza, que hemos batido record de colaboraciones por parte de firmas reconocidas, etc. Pero también lo es que secciones como “Merchandising” o música están prácticamente extinguidas y que por el momento he fracasado miserablemente a la hora de formar un equipo de colaboradores estable, aunque esto último ha sido gracias a una inestimable ayuda externa que se desvivió en este campo. Problemas informáticos casuales o provocados también han sido un bonito quebradero de cabeza, cuando escribo esto llevo un mes sin que pueda colgar una entrada en “Facebook” y aún no conozco la explicación a este fenómeno.

Otra de las razones importantes de que “Ultramundo” no esté exactamente al nivel al que me hubiera gustado fue precisamente mi proyecto editorial, que me consumió una cantidad enorme de energía que no pude ni dedicar al “Blog” ni a mi vida privada. Más triste no haber podido sacar este año ninguno de los libros que había anunciado, pese a que tanto un servidor como otras personas implicadas cumplimos perfectamente con nuestra parte. Quizás que me hubiera pasado esto precisamente con mi debut me ha resultado muy desagradable, no creo que nunca en mi vida me haya sentido tan sumamente abatido como en estos últimos meses. Pero también han pasado dos cosas; la primera es que esta situación me ha hecho replantearme las situación con el “Blog” y a partir de ahora voy a darle prioridad absoluta a mi proyecto editorial, si una semana no se puede meter nada en este “Blog” ¡mala suerte! La segunda pero no por ello menos importante, este año he visto lo mejor de este mundillo pero también he contemplado en toda su “Gloria” la cara más oscura del “Fandom”, algo que solo me ha servido para darme cuenta de que es lo que pasa cuando alguien se dedica a torpedear en vez hacer contenidos culturales y a formar cuadrillas de colegas en vez de hacer un equipo. Hay el maldito “Colegueo”, que fácil me resulta odiarlo. Esto también me ha servido para darme cuenta de quien no quiero ser y de que cosas hay que alejarse cuanto más mejor. 2017 va a ser un año en el que se va a poner toda la carne en el asador, permanecer atentos.

Miguel Díaz Gonzalez. El tipejo de “Ultramundo”.

“Cines Yelmo Los Prados” e Iván Suárez Martínez presentan: Las mejores películas vistas en 2016



Este año 2016 marcado por lo ocupada que estuvo “La Parca” con la guadaña en cuanto a terminar con la vida de iconos se refiere (Lo de Bowie, Prince y la muy reciente Carrie Fisher dolió…) y por diversas turbulencias “Político-Sociales” a lo largo del mundo (¿Volverá el cine de acción a lo “Cannon Films” favorecido por la entrada en la “Casa Blanca” de Biff Tannen/Donald Trump? ¿Tendremos verdadera nostalgia “Ochentera” de la buena… Esta vez por la amenaza del botón nuclear?) continúa con tendencias que ya el año pasado se agudizaron: Reacciones desmedidas a no pocas películas de “Superhéroes” mediocres, ya vengan de “Marvel” o “DC”; Entusiasmo exacerbado por parte de “Fanboys” de tal saga o tal director a los avances en forma de “Trailer” de varias franquicias; Series televisivas encumbradas a los altares y promocionadas por doquier por sus seguidores en redes sociales hasta producir el hartazgo de quienes no tenemos mucho interés por las “Cosas extrañas” o los juegos con los tronos (El año que viene le toca el turno a los pueblecitos “Lynchianos”); El uso del “Clickbait” por parte de periódicos y páginas “Web” para aumentar visitas… Sin novedad en el frente, que dirían Erich Maria Remarque y Lewis Milestone en novela y en cine respectivamente.

El 2016 ha ofrecido en lo que a cine se refiere un saldo no muy positivo para el que esto escribe, incluso muy inferior al año pasado. De los 104 estrenos que he visto en pantalla de cine o en “DVD” (Ya quisiera ser uno un Miguel Marías que lo vea todo), muchos de ellos son, como máximo, simplemente buenos o correctos. Se han quedado sin ser vistas (De momento) películas en principio tan interesantes sobre el papel como “Anomalisa” (íd, Charlie Kaufman, 2015), “Todos Queremos Algo” (Everybody Wants Some!!, Richard Linklater, 2016), “Julieta” (Pedro Almodóvar, 2016), “Yo, Daniel Blake” (I, Daniel Blake, Ken Loach, 2016) o “Midnight Special” (íd, Jeff Nichols, 2016). Aclaremos, como siempre, que este listado no es una lista absoluta ni mucho menos: Cualquiera de las películas antes citadas u otras podrían figurar en ella de haberlas visto y parecerme magníficas. Casi todas las que aparecen están reseñadas por aquí, por lo que pueden pasar el tiempo leyendo mis opiniones o las de la persona encargada de reseñarla en su caso.

Conviene aclarar que este listado se refiere a lo estrenado este año en salas españolas, por lo que hay películas rodadas el año pasado, hace dos años o incluso tres, que figuran en la lista (Destacar que este año abundan por méritos propios muchas películas de animación de diversas nacionalidades y/o estilos). Como todos los años, las películas van por orden alfabético sin que ninguna esté por encima de otra. También haré menciones especiales de películas muy buenas que en algunos casos también podrían haber formado parte de las diez mejores, cuatro títulos injustamente menospreciados a pesar de sus imperfecciones y una excepcional, y sin que sirva de precedente, mención honorífica. Vamos allá. El “Top Ten”:

• El Cuento de la Princesa Kaguya” (Kaguyahime no Monogatari, Isao Takahata, 2013)

 “Dos Buenos Tipos” (The Nice Guys, Shane Black, 2016)

 “Elle” (íd, Paul Verhoeven, 2016)

 “Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas” (Kubo and the Two Strings, Travis Knight, 2016)

 “El Niño y la Bestia” (Bakemono no Ko, Mamoru Hosoda, 2015)

 “Los Odiosos Ocho” (The Hateful Eight, Quentin Tarantino, 2015)

 “Paterson” (íd, Jim Jarmusch, 2016)

 “El Principito” (The Little Prince, Mark Osborne, 2015)

 “El Recuerdo de Marnie” (Omoide no Mani, Hiromasa Yonebayashi, 2014)

 “Tarde para la Ira” (Raúl Arévalo, 2016)

Películas destacables:¡Ave, César!” (Hail, Caesar!, Joel Coen, Ethan Coen, 2016), “La Bruja” (The Witch, Robert Eggers, 2015), “Café Society” (íd, Woody Allen, 2016), “Creed: La Leyenda de Rocky” (Creed, Ryan Coogler, 2015), “Deadpool” (íd, Tim Miller, 2016), “La Gran Apuesta” (The Big Short, Adam McKay, 2015), “Hasta el Último Hombre” (Hacksaw Ridge, Mel Gibson, 2016), “El Hijo de Saúl” (Saúl Fia, Laszlo Nemés, 2015), “El Hombre de las Mil Caras” (Alberto Rodríguez, 2016), “La Juventud” (Youth, Paolo Sorrentino, 2015), “El Libro de la Selva” (The Jungle Book, Jon Favreau, 2016), “La Llegada” (Arrival, Denis Villeneuve, 2016), “Maggie” (íd, Henry Hobson, 2015), “The Neon Demon” (íd, Nicolas Winding Refn, 2016), “¿Qué Invadimos Ahora?” (Where to Invade Next, Michael Moore, 2015), “Remember” (íd, Atom Egoyan, 2015), “Spotlight” (íd, Tom McCarthy, 2015), “Sully” (íd, Clint Eastwood, 2016) y “Zootrópolis” (Zootopia, Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush, 2016)

Merecían mejor suerte: “Aliados” (Allied, Robert Zemeckis, 2016), “Dioses de Egipto” (Gods of Egypt, Alex Proyas, 2016), “Juego de Armas” (War Dogs, Todd Phillips, 2016) y “Mi Amigo el Gigante” (The BFG, Steven Spielberg, 2016).

Mención especial honorífica: “Objetivo: Londres” (London Has Fallen, Babak Najafi, 2016). No digo que sea buena o mala película. Simplemente… Es mención especial honorífica. Razones para esta “Distinción” en la propia crítica.

Confiemos en que el 2017 esté cargado de buen cine. Aunque sea por anticipado, ¡Feliz año nuevo para todos!

viernes, 30 de diciembre de 2016

Las últimas navidades de George Michael. Por Iván Suárez Martínez



En un 2016 lleno de muertes de músicos famosos, y que todavía no ha terminado, George Michael –o Georgios Kyriacos Panayiotou- ha fallecido con tan sólo 53 años de edad justo en navidades. Las mismas a las que cantaba en “Last Christmas” cuando formaba parte del dúo “Wham!” (Andrew Ridgeley era su otro componente). Los últimos años del cantante estuvieron marcados por una relativa desaparición de la primera plana mediática, excepto cuando la prensa amarilla se encargaba de publicar sus diversos problemas personales. Su último disco “Symphonica”, en el que hacía versiones de otras canciones y también de las suyas con el apoyo musical de una orquesta, llegó a ser número 1 en el “Reino Unido”, si bien los tiempos en los que despachó 25 millones de copias con “Faith” habían quedado definitivamente atrás.


Faith” se publicó en un 1987 que no andaba falto precisamente de grandes discos: “Sign O The Times” de Prince, “Bad” de Michael Jackson, “The Joshua Tree” de “U2”, “Introducing the Hardline According to Terence Trent D’arby” del artista actualmente conocido como Sananda Maitreya… A propósito de este último, señalar que George Michael y él tuvieron sus mayores éxitos en ese año; que esos dos discos fueron aclamados por la crítica como dos álbumes perfectos de “Pop” (Y tenían razón, si bien el de D’arby resulta bastante más redondo); que a partir de sus segundos discos (“Neither Fish Nor Flesh” el de D’arby, “Listen Without Prejudice” el de Michael) las relaciones con su compañía discográfica, la “Sony”, se agriaron para siempre hasta el punto de que los dos entraron en guerra con ella, siendo más mediática la de Michael; los dos sonaron como posibles sustitutos de dos cantantes de sendas bandas legendarias tras cantar en dos conciertos con ellos (D’arby los “INXS”, Michael los “Queen”). ¿Se dijo que en “Symphonica” Michael hizo una versión de “Let Her Down Easy” de D’arby, y que éste último hizo un escrito emotivo recordando a su amigo fenecido?


Quizás George Michael no volvió a publicar un disco mejor que “Faith”, pero su catálogo de excelentes canciones no resulta nada despreciable: “Careless Whisper” –que tanto protagonismo tuvo en “Deadpool” (íd, Tim Miller, 2016), “I Want Your Sex” (Especialmente las dos partes incluidas en “Faith”), “One More Try”, “Jesus to a Child”, “Flawless”, “Father Figure” (Mi predilecta), y, por qué no, “Wake Me Up Before You Go-Go” ya con “Wham!” Los habrá que desprecien a Michael por puro prejuicio (De ahí el título de su segundo “LP”) por su etapa como ídolo juvenil prefabricado (Etiqueta de la que lograría escapar) o que no sintonicen con su propuesta musical. Pero si quedan dudas de su calidad, ahí tienen el “Somebody to Love” que bordó con “Queen” en el concierto homenaje a Freddie Mercury. Hasta el punto de que sobrepasó sin mucho esfuerzo a casi todos los artistas invitados a ese evento: Busquen por “YouTube” el vídeo de los ensayos de Michael con la banda y vean la cara de David Bowie.

Fuente de las fotos: www.theguardian.com.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Crítica de “Star Trek: La Ciudad al Borde de la Eternidad” (Harlan Ellison, J.K. Woodward) por Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Título: Star Trek: Harlan Ellison’s The City on the Edge of Forever.
Guión: Harlan Ellison adaptado por Scott Tipton y David Tipton.
Dibujo: J.K. Woodward.
Portada: J.K. Woodward.
Formato: Tapa blanda.
Editorial: Drakul Editorial.
Páginas: 128 págs.
PVP: 15, 95 euros.
ISBN: 978-84-945897-1-3.

Sinopsis:

El teniente Richard Beckwith vende drogas (Las gemas del sonido) en el “Enterprise” y huye después de matar al teniente LeBecque cuando éste amenaza con delatarlo. El “Capitán Kirk”, Spock y compañía se disponen a perseguirlo, pero Beckwith logra huir entrando en el “Vórtice del Tiempo”. Esto causa una alteración en la línea del tiempo que provoca que el “Enterprise” sea de repente la nave “Cóndor” ocupada por piratas espaciales. Kirk y Spock entran en el “Vórtice del Tiempo” para tratar de encontrar a Beckwith y se encuentran en plena “Gran Depresión” de los años 30, donde deberán tatar de pasar desapercibidos. Kirk se enamora de la trabajadora social Edith Keeler mientras trata de buscar a Beckwith junto a Spock. ¿Conseguirán cumplir su misión antes de que se produzcan cambios terribles en el tiempo?

Crítica:

The City on the Edge of Forever” fue sin duda uno de los capítulos más legendarios de la serie original de “Star Trek” (íd, Gene Roddenberry, 1966-1969) hasta el punto de conseguir el “Premio Hugo” en 1968 a la mejor presentación dramática. Escrito por toda una luminaria de la ciencia ficción como Harlan Ellison y dirigido por el habitual de la serie Joseph Pevney –director no muy conocido pero competente en las diversas series televisivas en las que trabajó y que también filmó películas como “Vuelta a la Vida” (Back to God’s Country, Joseph Pevney, 1956) o su obra más conocida, la biografía de Lon ChaneyEl Hombre de las Mil Caras” (Man of a Thousand Faces, Joseph Pevney, 1957)-, aquel capítulo continúa siendo a día de hoy uno de los puntos álgidos de la creación de Gene Roddenberry en cualquier encarnación televisiva. Hasta el punto de que en numerosas encuestas suele figurar entre el “Top 100” de mejores episodios televisivos de la historia.


Sin embargo, “The City on the Edge of Forever” tuvo tras de sí una curiosa y algo accidentada gestación debido a que Joseph Pevney no estaba demasiado convencido del libreto original de Harlan Ellison, por lo que se sucedieron las reescrituras para tratar de adaptarlo mejor al medio televisivo. No extraña mucho que se tardase más de lo previsto en filmarlo y que el presupuesto se descontrolara algo más de lo habitual (250.000 dólares contra 185.000 de coste medio). En años posteriores Ellison conseguiría ver publicado su guión original, pero todavía quedaba un medio artístico donde poder explorar sus ideas sin tantas limitaciones de presupuesto y en donde se podía recurrir a la imaginación para abordar las secuencias más complicadas que Ellison concibió (Ejemplo: El destino final del villano de turno que había propuesto el escritor, Beckwith).


Aprovechando el 50 aniversario de la serie original, “Drakul” publica en España “La Ciudad al Borde de la Eternidad”, la adaptación oficial al cómic hecha en el año 2014 de la historia de Harlan Ellison, para la cual hubo que convencer bastante al escritor para que los hermanos Scott Tipton y David Tipton, junto con el dibujante experto en el universo “Star TrekJ.K. Woodward, se encargasen de trasladar al medio sus diálogos y situaciones. Tal como comenta el escritor en la introducción: “Muchos han justificado lo que se hizo a mi guión original diciendo, erróneamente, que la tecnología necesaria no estaba disponible hace cincuenta años. Scott y David pronto decidieron no caer en esa interpretación limitada y pasada de moda de una historia que yo había previsto más grande. Han escrito cinco capítulos de guión para esta novela gráfica, que si yo tuviera que hacer uno ahora, no lo habría podido hacer mucho mejor (...) J.K. Woodward sacó lo mejor de sí mismo para utilizar recursos que hicieron temblar mis sentidos y me dejaron boquiabierto. Después de todos mis años trabajando en cómics, televisión, películas y artes visuales, esta es sin duda la cúspide. Es la ciudad al borde de la eternidad que había imaginado”. (Pág. 3).

El resultado final es evidentemente recomendadísimo. J.K. Woodward reproduce fielmente a los personajes de la serie televisiva empleando técnicas artesanales y digitales, amén de lucirse en varias viñetas ambiciosas como el “Trip psicodélico” del desdichado LeBeque en cuanto consume una de las drogas suministradas por Beckwith, o bien a la hora de ilustrar la ciudad al borde de la eternidad donde se encuentran sus guardianes. Las escenas de acción (Como la pelea contra los piratas del Cóndor) se encuentran resueltas con el dinamismo necesario. El talento de Woodward aparece también en viñetas algo más sencillas como Kirk y Edith Keeler (Encarnada en la serie por Joan Collins) cogidos del brazo con Spock en penumbra observándolos desde la distancia de la escalera; o captando las expresiones de Spock y Kirk según la situación en la que se encuentren lo requiera. Pero siempre tratando de reflejar lo mejor posible lo que Harlan Ellison había propuesto allá por 1967.


Empezando por una descripción de las drogas (Aquí llamadas las gemas del sonido), su venta y sus efectos algo adelantada a su tiempo, por no mencionar el cómo Beckwith mata a sangre fría a LeBeque. Asimismo, en cuanto Kirk y Spock llegan justo en plena “Gran Depresión”. Cuando faltaba trabajo y sobraba pobreza y hambre, justo cuando la “Ley Seca” se encontraba en pleno vigor. Observaremos un retrato terrible, pero verídico, de la situación de muchas zonas de los “Estados Unidos” donde muchos negocios se declaraban en quiebra, las zonas pobres era lugares donde no parecía que la esperanza llegase algún día, se formaban largas colas por un plato de sopa caliente y en donde los agitadores y oportunistas pronunciaban discursos contra los extranjeros “Cerdos que ni siquiera hablan nuestro idioma” que les “Quitan la comida” y sus trabajos, amén de desear “Querer ver a nuestros hijos morir de hambre”. Nos va sonando la copla inquietante con lo que está ocurriendo ahora mismo por Europa y “Estados Unidos”, ¿No? Kirk dirá a Spock que “Esto es lo que hemos tardado 500 años en superar”. Todavía nos queda tiempo por delante.

No extraña mucho que una muchedumbre con miradas de odio y aviesas intenciones les persiga, que ambos traten de pasar desapercibidos y que en un momento dado a Spock le tomen por un chino por sus peculiares facciones. Ellison también retrató el abandono que sufrieron varios veteranos de guerra como el paralítico que sirvió en Verdún en plena “Primera Guerra Mundial” que se encuentra como un “Sin techo” y que será vital para el devenir de los acontecimientos de “La Ciudad al Borde de la Eternidad”. Aunque no todo es tristeza. El personaje de la trabajadora social Edith Keeler es una de las pocas voces de ánimo por las calles de la ciudad. La antítesis del agitador que se encuentran Spock y Kirk, confrontando así dos modelos de enfrentarse a la crisis. “Estamos en medio de una depresión; el secreto está en no deprimirse”. Además, Keeler supondrá el gran amor de Kirk en esta historia proporcionando algunos de los momentos más tiernos que vivirá el personaje entre paseos por el atardecer y momentos íntimos entre los dos.


Incluso es posible que se nos olvide la “Subtrama” de la caza y captura de Beckwith y el por qué Spock y Kirk deben ir a por él. Todo desembocando en un memorable diálogo final entre Kirk y Spock apoyado por el dibujo sutil de Woodward con el que se concluye de manera memorable un cómic que puede leerse con independencia de si se conoce o no tanto la serie como los personajes. Un buen ejercicio para los seguidores de la serie que hayan visto el episodio consiste en comprobar qué se alteró y qué permaneció. Quedando así dos versiones de la misma historia, cada una con sus virtudes indiscutibles, pero permaneciendo lo mejor. Se incluye como material adicional una especie de “Así se hizo” a cargo de J.K. Woodward (Utilizó incluso a modelos para usar fotografías de cara a ilustrar las viñetas), comentarios específicos de páginas a cargo de los autores donde podemos descubrir pequeños homenajes a la obra de Harlan Ellison que podrían pasar desapercibidos tras una primera lectura y un epílogo a cargo del propio escritor que termina por redondear un cómic magnífico que todavía hoy sigue de plena vigencia. Las advertencias de Ellison todavía continúan en él para todo aquel que quiera escucharlas mientras se sumerge en una historia bien atractiva.

La princesa de la esperanza: Carrie Fisher nos abandona. Por Iván Suárez Martínez



Cuando George Lucas estaba haciendo el “Casting” para “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977) junto con un Brian De Palma que hacía lo propio para “Carrie” (íd, Brian De Palma, 1976), tenía tres opciones sobre la mesa para interpretar a la “Princesa Leia Organa”: Jodie Foster, Amy Irving y Carrie Fisher. Al parecer fue el experto en casting Fred Roos (Uno de los lugartenientes principales de Francis Ford Coppola) quien le sugirió que Fisher era la mejor de las aspirantes para el papel. Y no se equivocó, aunque no pocas reseñas de la época señalasen la interpretación de Fisher (Y la de Mark Hamill) como uno de los elementos más endebles de la epopeya galáctica que cambió para siempre el cine. Para bien o para mal.


Quizás tuviesen parte de razón los críticos que señalaron las limitaciones interpretativas de Fisher y Hamill (Especialmente este último) en la película de 1977, quién sabe si por la más que demostrada poca pericia de George Lucas a la hora de dirigir actores, pero curiosamente ambos intérpretes demostrarían haber mejorado interpretativamente en “El Imperio Contraataca” (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980). Irvin Kershner era un director experto en dirigir actores (No así escenas de efectos especiales… Pero eso es otro tema que ya se trató en la “MegaCrítica” correspondiente) y no debe sorprender mucho que la suya sea la película con mejores actuaciones de toda la saga galáctica. En el caso de Fisher basta con ver su rostro cuando “Siente” a su hermano Luke cuando éste se balancea sobre el abismo de Bespin tras su duelo con Darth Vader. O los intercambios verbales que mantiene con Harrison Ford a lo largo de la película como si en una “Screwball Comedy” galáctica nos encontráramos.


El Retorno del Jedi” (Return of the Jedi, Richard Marquand, 1983) marcaría a Fisher como uno de los iconos sexuales más reconocibles para toda una generación con su “Traje de faena” como esclava de “Jabba El Hutt” –Su sesión de fotos para la revista “Rolling Stone” continúa siendo legendaria-. No era Leia una damisela en apuros precisamente: George Lucas había encontrado a la actriz perfecta para encarnar a una mujer decidida y heroica alejada de estereotipos, si bien proyectando también vulnerabilidad cuando la ocasión lo requería. Pero sería injusto relegar a Fisher únicamente al rincón de la historia por ser solo Leia, si bien su carrera interpretativa alejada del universo “Star Wars” no ofrecería grandes logros. Excepto tres: La novia vengativa y despechada de “Jolliet” Jake Blues a la caza de los dos hermanos Blues en “Granujas a Todo Ritmo” (The Blues Brothers, John Landis, 1980); “Hannah y sus Hermanas” (Hannah and her Sisters, Woody Allen, 1986), donde Woody Allen la definió como una de las actrices más inteligentes con las que trabajó en toda su carrera (Y no fueron pocas precisamente); y la esposa de Tom Hanks en la hoy olvidada y sin embargo recuperable “No Matarás al Vecino” (The Blurbs, Joe Dante, 1989).


Porque Carrie Fisher era además escritora, y exitosa. Por un lado de manera oficial con su novela “Semiautobiográfica” “Postales Desde el Filo” –luego adaptada al cine en 1990 por Mike Nichols con el protagonismo de Meryl Streep y Shirley MacLaine encarnando a trasuntas de Fisher y su madre Debbie Reynolds respectivamente- o con sus libros y monólogos teatrales donde demostraba su capacidad para reflexionar sobre su imagen y reírse de sí misma y de su turbulenta vida personal. Esa capacidad de ironía se demostró además en una de sus últimas apariciones ante la cámara: “Maps to the Stars” (íd, David Cronenberg, 2014), en la que se interpretaba a sí misma siendo perfecta conocedora de los peligros de Hollywood y la fama.


Pero también fue exitosa de forma más “Extraoficial” al ser una de las “Script Doctors” más solicitadas de los grandes estudios. Es decir: Guionista en la sombra cuyo cometido consiste en remendar guiones con problemas. Algunos de los pacientes que Fisher tuvo que atender son bien conocidos: “Hook: El Capitán Garfio” (Hook, Steven Spielberg, 1991), “Sister Act” (íd, Emile Ardolino, 1992), “Arma Letal 3” (Lethal Weapon 3, Richard Donner, 1992)… No pocos escritores y guionistas reconocieron en Fisher a una de las grandes portavoces de este gremio en la sombra ayudando a que se reconozca más su trabajo.


Los últimos años de la vida de Fisher quedaron marcados por “Star Wars”. Primero con su reaparición en “Star Wars: El Despertar de la Fuerza” (Star Wars: The Force Awakens, J.J. Abrams, 2015) como una Leia a la que J.J. Abrams ofreció una buena escena con su reacción tras “Sentir” la muerte de Han Solo a manos de su propio hijo, Ben Solo/Kylo Ren. Después al confirmarse su aparición en el “Episodio VIII” que está ultimando Rian Johnson con vistas a su estreno en diciembre del año que viene. Y justo este año 2016 que termina con “Rogue One” (íd, Gareth Edwards, 2016): El penúltimo plano consiste en la aparición de Leia con la misma imagen de 1977 por obra y gracia del “CGI” y con la auténtica voz de la actriz. Corresponde a ella la última frase de la irregular pero más que aceptable entrega galáctica: “Esperanza”. La que necesitan tanto los rebeldes como nosotros. Fallecida a los 60 años de edad, muchos dirán que Carrie Fisher ya es una con “La Fuerza”. Pero como bien dijo su amigo Steven Spielberg, ella ya era una “Fuerza” de la naturaleza por sí misma.

Fuente de las fotos: www.theguardian.com.

martes, 27 de diciembre de 2016

Crítica de “Revival Vol. 1: Estás Entre Amigos” (Tim Seeley, Mike Norton) por Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Titulo: Revival, Vol. 1: You’re Among Friends.
Guión: Tim Seeley.
Dibujo: Mike Norton.
Portada: Mike Norton.
Formato: Tapa blanda.
Editorial: Aleta Ediciones.
Páginas: 128 Págs.
PVP: 12, 95 €.
ISBN: 978-84-16074-47-1.

Sinopsis:

Los muertos han regresado a la vida durante un día en Wausau, un pueblecito de Wisconsin, por lo que se forma el consiguiente revuelo entre los medios de comunicación, la policía y los habitantes de la zona rural. La agente de la policía de Rothschild, Dana Cypress (Madre soltera con un hijo a su cargo e hija del Sheriff de la localidad), es designada por su padre para formar parte del equipo de arbitraje para los ciudadanos resucitados, un pequeño equipo especializado en resolver casos en los que estén de por medio resucitados. Dana comprobará que su hermana Martha es una resucitada que se verá metida en las investigaciones de Dana, donde no faltan muertas vivientes con problemas dentales ni fanáticos religiosos con métodos expeditivos para revolver exorcismos.

Crítica:

El mundo de los muertos vivientes, “Zombies”, resucitados o como queramos denominarlos siempre ha sido un buen filón que explotar desde que Lázaro se levantó y anduvo. Especialmente desde aquel 1968 en el que George A. Romero ofreció al mundo su visión de los muertos vivientes cambiando para siempre el fantástico y el terror. Baste echar un simple vistazo a series tan adoradas por “Seriéfilos” y “Freaks” como “The Walking Dead” (íd, Frank DarabontRobert Kirkman, 2010) o las numerosas películas con “Zombies” de por medio que se estrenan en cines o “DVD” para dejar constancia. El mundo del cómic, lógicamente, tampoco escapó precisamente de la epidemia “Zombie”, ofreciendo todo tipo de interpretaciones del tema. Bien apostando por el duro y puro cachondeo o queriendo ofrecer otra cosa bien distinta.


Aquí es donde entra “Revival”, una historia creada por Tim Seeley y dibujada por Mike Norton que se aleja de no pocos tópicos para contar una historia más o menos coral a pesar del protagonismo de la agente de policía Dana Cypress en la que se apuesta más por los sentimientos y abordar diversos temas que por los golpes de efecto puros y duros, si bien éstos también tendrán su lugar a lo largo de la narración. Algo diferente hasta el punto de que puede considerarse “Revival” como uno de los cómics más destacables surgidos durante el nuevo “Boom” de lo “Zombie”. Seguramente por fiarlo todo al retrato de lugar donde se ambientan los hechos y a profundizar en los personajes, vivos o muertos (Aunque esto habría que matizarlo…)


El autor Jeff Lemire firma un prólogo en el que, aparte de contar algunas de sus experiencias personales con la muerte de varios de sus seres queridos aporta algunas de las claves que permiten disfrutar con la lectura de “Revival”: “Lo que la hace tan genial a ‘Revival’ no es que Seeley y Norton exploren el concepto de que los muertos vuelvan a caminar sobre el suelo. Nos moriríamos (Mal juego de palabras, perdón) contando la de veces que se ha hecho algo así en los tebeos, el cine, etc. No, lo que resulta genial de la propuesta de Seeley es que estos seres queridos no regresan como ‘Zombies’ comedores de carne, o espíritus momificados de serie ‘B’, sino tal como nosotros los recordamos. Y ahí es cuando las cosas se ponen realmente interesantes. Tim nos deja observar cómo su bellamente imperfecto y convincente reparto de personajes en un pequeño pueblo se esfuerza en superar lo que viene a continuación. ¿Cómo encontrar un lugar en nuestras vidas de nuevo para alguien al que ya hemos llorado y cuya pérdida ya nos hemos esforzado en aceptar? Es algo escalofriante y espeluznante al mismo tiempo. Y los guiones de Tim están en el punto justo, perfectos. Sus personajes son bellamente imperfectos y convincentes”. (Pág.3)


Revival Volumen 1: Estás Entre Amigos” da el pistoletazo de salida para una historia de crimen rural en el que ya el mismo comienzo en el crematorio, los textos de Martha Cypress con la visión de los parajes helados de la zona de Wisconsin donde se desarrolla la acción y la muerte del “Cebrallo” van predisponiendo al lector para seguir con atención a Dana Cypress, su vida cotidiana junto a su hijo y la misión encomendada por su padre jefe de policía. Un personaje del que es inevitable ponerse a pensar en “Fargo” (íd, Hermanos Coen, 1996) por estar también ambientada en un paraje helado y en pueblos donde nunca pasa nada, amén de estar protagonizada por una policía nada convencional. Pero también es lícito pensar en el “Twin Peaks” (íd, David Lynch y Mark Frost, 1990-1991) “Lynchiano” por la galería de personajes secundarios bien peculiares que desfilan por sus páginas, como por ejemplo Lester Majak o el bueno de Randy, el empleado de la funeraria que será testigo de excepción del “Ardiente” regreso de los muertos en compañía de May Tao.


Sin embargo, y como se ha señalado por doquier, existen una serie de paralelismos con la serie francesa “Les Revenants” (íd, Fabrice Gobert, 2012) al retratar a una pequeña comunidad donde los muertos recobran la vida y tratan de continuar adelante con ella. Incluyendo la descripción de dos hermanas, una viva y otra “Resucitada”, que en “Revival Volumen 1: Estás Entre Amigos” formarán la principal pareja protagonista enfrentada a diversos peligros “Zombies” u humanos. Por no hablar de que se investigará los motivos de la muerte de Martha, se irán conociendo numerosos detalles de su vida y que más de una vez se la dará por muerta como en la pelea contra Arlene Dittman para continuar regresando a la vida. Más o menos parecido a uno de los personajes de “Les Revenants” (íd, Fabrice Gobert, 2012). Merece la pena destacar la curiosidad de que a Tim Seeley le habían aconsejado que antes de ponerse manos a la obra con este cómic debería ver “La Resurrección de los Muertos” (Les Revenants, Robin Campillo, 2004), la película que precisamente inspiró la serie de Fabrice Gobert, por tener ciertas similitudes con la idea detrás de “Revival” (Tanto Seeley como Mike Norton se reconocen seguidores de la serie).


Influenciada o no por la serie francesa, “Revival Volumen 1: Estás Entre Amigos” supone un más que interesante comienzo donde el dibujo de Norton describe una comunidad de tonos grises y fríos en consonancia con el mundo que retrata, pero que no duda en mostrarse dolorosamente explícito cuando la ocasión lo exige –el episodio con la anciana Arlene Dittman a la que le crecen los dientes por más que se los quite con tenazas, momento no apto para lectores sensibles; al igual que algunas viñetas “Destripadoras” en el sentido literal del término-. O dejando que sean las imágenes las que describan a los personajes, como ese inquietante “Fantasma demonio” que pulula por los bosques. Tampoco se priva Tim Seeley de introducir gotas de humor mediante el personaje del enloquecido “Exorcista” Blaine Abel, alguien autodenominado como un “Soldado de Dios que lucha contra las legiones del mismísimo Satán” y cómo éste despacha a una joven aparentemente poseída por el diablo. Uno de los puntos fuertes de “Revival Volumen 1: Estás Entre Amigos” es el mostrar las diversas reacciones a la resurrección de los muertos, la lógica locura desatada con la cuarentena a la que se somete al radio afectado en Wisconsin, el circo de los medios de comunicación que se aproximan al lugar… Todo ello utilizando un ritmo premioso y más bien tranquilo dando lugar a la acción cuando es necesario –la persecución entre Blaine Abel, Martha y May Tao-. De hecho “Revival”, en su estructura, bien podría servir de base para una adaptación televisiva que a buen seguro algún día se pondrá en marcha con todas las posibilidades que ofrece el medio televisivo para trasladar fielmente una historia intimista y épica a su manera que sabe atraer la atención del lector a lo largo de sus páginas.


Si en una de las reseñas que vienen en la contraportada se establece que ésta es una historia con dientes tanto figurada como literalmente, “Revival Volumen 1: Estás Entre Amigos” tiene los colmillos bien afilados, dejando todo listo para su siguiente entrega, “Revival Volumen 2: Vive Como si te Importara”, donde continúan apareciendo personajes peculiares, prosigue el drama entre hermanas y los momentos impactantes surgirán cuando menos se espera. Puede decirse que Tim Seeley y Mike Norton Resucitan” a su manera un género “Zombificado” evitando caer en lo más trillado y aburrido del mismo. Lo cual no es poco.

Crítica de “El Suicida Impertinente” (Juan Luis Marín Gutiérrez) por Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Titulo: El Suicida Impertinente.
Autor: Juan Luis Marín.
Diseño de portada: Eva Olaya.
Formato: Tapa blanda.
Editorial: Versátil Ediciones.
Páginas: 272 Págs.
PVP: 18 €.
ISBN: 978-84-16580-51-4.

Sinopsis:

J.M. es un guionista que un día toma la determinación de suicidarse en la bañera abriéndose las venas con un cúter, no sin que antes envíe una serie de cartas y contrate los servicios de una prostituta, entre otras cosas. Poco después, una persona (El narrador de la historia) recibe una carta en la que J.M. le encomienda un peculiar encargo: Que vaya al tanatorio donde está su cadáver, recibiendo allí una carta que deberá leer al día siguiente a todos los presentes en el cementerio. El protagonista lee la carta en la que J.M. ilustra buena parte de los trapos sucios sobre el difunto que guardan amigos y familiares. Pero eso será solo el comienzo de una rocambolesca historia en la que ciertos conocidos de J.M. reciben una carta del finado en la que les advierte que “El Predicador” irá a por ellos.

Crítica:

Quizás hoy en día se lean menos libros que nunca, excepto aquellos escritos por estrellas mediáticas que poco o nada tienen que ver con la literatura, pero todavía se siguen publicando novelas a cargo de autores con muchas cosas que contar sea cual sea el género al que se adscriben. Por ello es siempre necesario que existan editoriales y colecciones que proporcionen voz a escritores con talento que pueden ofrecer muchas alegrías a los lectores, ya sea publicando ensayos, poesía u obras de ficción. “Versátil Ediciones” cuenta con una colección de novela negra, “Off Versátil”, dirigida por el bien conocido David G. Panadero. En ella se proporciona un espacio para autores españoles que han encontrado en esta colección un buen lugar donde poder publicar sus historias, una iniciativa elogiosa en tiempos difíciles para el panorama editorial bien dado a decepciones, zancadillas y egos desorbitados.

El licenciado en periodismo, guionista y escritor Juan Luis Marín –“Premio Ategua” de novela en 1998 por “La Espina”, que escribió junto a Raúl Sanz, autor de otras novelas como “Isla Perpetua”, “Almas Grises” o “Maldita Nostalgia”, y que recientemente colaboró con nosotros reseñando  “Mulholland Drive” (íd, David Lynch, 2001) para nuestro especial “Halloween 2016”- acaba de ver publicada “El Suicida Impertinente”, una novela cuya idea tuvo a finales de los años 90 pero que aparece por fin impresa en este lejano 2016. Una obra ambientada en esa década donde no resulta demasiado complicado intuir que su autor ha volcado en ella muchas de sus experiencias vividas a lo largo de su vida y trayectoria. Y que desde luego resulta bien recomendable por la habilidad de Juan Luis Marín para salir airoso a la hora de construir una trama cuyo punto de partida resulta ciertamente irresistible para el lector pero que va deslizando una serie de reflexiones sobre la vida misma.

David G. Panadero es el encargado de firmar el prólogo de “El Suicida Impertinente” en el que vuelca su propia opinión de la novela: “La habilidosa combinación de registros también habla de la época que retrata Juan Luis Marín; como en el cine de los 90 –al que no faltan alusiones en estas páginas-, y más concretamente las películas de Tarantino, los Coen o las Vidas Cruzadas de Robert Altman, el autor combina lo sublime y lo ridículo, lo solemne y lo divertido, lo noble y lo patético. Lo más importante de todo: el auténtico encaje de bolillos para trenzar una trama en la que es el muerto quien se está cobrando una peculiar venganza. Pese a lo chocante de la premisa, Marín sale airoso del reto porque tiene el tiempo en sus manos y hace que la lectura fluya, que la historia crezca y adquiera consistencia en nuestra imaginación”. (Pág. 12).

El Suicida Impertinente” es una novela de lectura relativamente rápida debido a diversos factores como la agilidad de Juan Luis Marín a la hora de ir desplegando su historia, los por lo general concisos capítulos de los que consta –sesenta exactos- y la lograda intriga que nos hace preguntar qué es lo que va a ocurrir a continuación. Para ello, Marín decide empezar por todo lo alto. Hay una frase que unos atribuyen a Alfred Hitchcock, otros al productor Samuel Goldwyn y otros a Cecil B. De Mille en la que se afirmaba que toda película debía comenzar con un terremoto y a partir de ahí ir para arriba. Esta novela recoge bien esta máxima al presentarnos al hombre que desencadena la historia, J.M. (Muchos de los personajes que pululan por ella tienen por nombre sus iniciales), y su minucioso quehacer un 21 de mayo justo antes de que tome la decisión de suicidarse abriéndose las venas con un cúter. Pide un café con leche en vaso, manda unas cartas al buzón de correos, contrata los servicios de una prostituta, escucha “Largo from Xerxes” de George Frideric Haendel justo cuando se mete en la bañera…

No pasarán muchas páginas hasta que llegamos al momento en que el narrador de “El Suicida Impertinente”, casado y con una niña, recibe una carta de parte de J.M. en la que parece que sabe de sus aventuras con otra mujer con pruebas para demostrarlo y que deberá llamar a su hermano A.J. para decirle en qué tanatorio y sala está su cadáver. Allí recibe un sobre recibiendo instrucciones precisas de leer su contenido en el cementerio donde se reunirán familiares y amigos del difunto. ¿Cuál es el contenido de ese sobre? Es mejor no contar mucho más para que el lector se sorprenda con su contenido, pero lo que el narrador contará a los allí presentes estará lleno de revelaciones ciertamente embarazosas para muchos de los que cruzaron sus caminos con J.M. Una verdadera “Hoguera de las Vanidades” la que por lo visto se concentra allí que J.M. diseccionará desde el otro mundo.

La Intriga y el humor negro se combinan en un comienzo de novela irresistible, elementos que se irán desarrollando a lo largo de las páginas que siguen a continuación. Efectivamente, pueden recogerse varias influencias del cine de los 90 con referencias explícitas a Tarantino en sus diálogos e incluso a éxitos coetáneos como “Airbag” (Juanma Bajo Ulloa, 1997) y la trama del anillo que se introduce por cierta parte de la anatomía de una mujer y se queda allí. Pero en “El Suicida Impertinente” se producen también una serie de reflexiones sobre el éxito y el fracaso –no es casual que se cite al “DemoníacoTim Curry en “Legend” (íd, Ridley Scott, 1985): “Los sueños de la juventud son las lamentaciones de la madurez”-, la vida en un principio feliz pero tras la que se ocultan decepciones, las frustraciones de una generación que, como bien se dice, debería haberse llamado “Generación P” de “Perdida” en vez de “Generación X”…Una vez concluida su lectura se consigue que el lector se pare a pensar sobre todas estas cuestiones sin necesidad de pertenecer a una determinada generación, lo cual no es poco.

El Suicida Impertinente” (Cuyas citas que ilustran las cinco partes de las que consta la novela dan una buena idea de lo que nos va a esperar por las páginas), por lo tanto, se erige como un libro que funciona como historia con giros y sorpresas y también como obra de reflexión, confirmando a su autor como alguien que puede ofrecernos historias y reflexiones tan atractivas como ésta. Deseando que en sus futuros trabajos continúe cultivando su capacidad mordaz para analizar la realidad que nos rodea, bien sea con historias en forma de “Thriller” como “El Suicida Impertinente” o explorando otros géneros en los que poder volcar sus inquietudes.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Crítica de “Star Trek: La Película” (Robert Wise, 1979) por la T.I.A.



Ficha Técnica:

Titulo original: Star Trek: The Motion Picture.
Año: 1979.
País: Estados Unidos.
Duración: 130 min.
Director: Robert Wise.
Guión: Harold Livingstone basado en una historia de Alan Dean Foster según los personajes creados por Gene Roddenberry.
Producción: Gene Roddenberry.
Fotografía: Richard H. Kline.
Música: Jerry Goldsmith.
Montaje: Todd Ramsay.
Diseño de producción: Harold Michelson.
Reparto: William Shatner (“Capitán Kirk”), Leonard Nimoy (Spock), DeForest Kelley (“Dr. McCoy”), James Doohan (Scotty), George Takei (Sulu), Majel Barrett (“Dr. Chapel”), Walter Koenig (Chekov), Nichelle Nichols (Uhura), Persis Khambatta (Ilia), Stephen Collins (Decker), Grace Lee Whitney (Janice Rand), David Gauteraux (“Comandante Brach”).

Sinopsis:

Siglo XXIII. Una poderosa fuerza alienígena se aproxima a la Tierra tras haber contactado violentamente con varias naves espaciales por su trayectoria, destruyéndolas todas con una facilidad pasmosa. Temiendo que la extraña nube de energía pueda eliminar toda forma de vida en el planeta, la “Flota Estelar” envía al único vehículo capaz de alcanzarla, la nave “USS Enterprise”, que recupera a su antiguo capitán, el ahora almirante James T. Kirk, quien asume el mando no sin las protestas del actual capitán, Willard Decker. Con los miembros más importantes de “La Enterprise”, incluyendo al vulcaniano Spock, el “Capitán Kirk” se embarca en un viaje contrarreloj, una odisea por la supervivencia que le descubrirá horizontes más profundos de los que nunca pensó que hallaría.

Introducción:

Con este artículo “Ultramundo” empieza su particular “Phase II” a la hora de realizar “Megacríticas” sobre grandes obras cinematográficas de la “Ciencia Ficcion”. Hasta el punto de que si llegásemos a concluirla, posiblemente fuésemos la mayor enciclopedia existente en cualquier formato sobre dicha materia. Con “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977) elevamos enormemente la complejidad y la extensión de este tipo de artículos, algo solo un paso por encima de lo logrado con la saga “Alien: El Octavo Pasajero” (Alien, Ridley Scott, 1979), pero con “El Imperio Contraataca” (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980) se alcanzó la máxima de 45 folios -sin imágenes- dedicados a informar sobre una misma película. No espera ni por asomo algo parecido con ninguna entrega de “Star Trek”  cuando inicié las reseñas del otro gran “Star” que asoló las salas de cine, pero para mi sorpresa este artículo sobre “Star Trek: La Película” roza el tamaño de “El Imperio Contraataca” (The Empire Strikes Back, Irvin Kershner, 1980) con sus 42 folios de extensión. De construir 4 de las cinco secciones de “Star Trek: La Película” se han encargado  Tony Jiménez (Crítica), Iván Suárez Martínez (Crítica, “Making Of” y Curiosidades) Antonio Pardo Larrosa (Sección de música) que forman las curiosas siglas de la “T.I.A.”. Para completar este equipo se suma la pluma de Sergio Toboso como prologuista de excepción, que algo sabrá de esto ya que es el co-editor de los cómics de “Star Trek” en España con la “Editorial Drakul”. Espero que este nuevo especial sea de su agrado, si es así, nos veremos en “Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982).

Miguel Díaz Gonzalez. El tipejo de “Ultramundo”.

Star Trek: La Película; Una nueva forma de explicar historias

Hace ya unas cuantas semanas, Miguel Díaz González, compañero del “Blog” “Ultramundo”, me hizo llegar un email con una petición que en aquel momento no supe cómo gestionar. La petición en cuestión era la de escribir un prólogo para un artículo que iban a publicar próximamente sobre “Star Trek: The Motion Picture”, conocida en nuestro país como “Star Trek: La Película”. Para la gran mayoría de los “Trekkies” que conozco, aquella película de “Star Trek” llena de escenas interminables de “La Enterprise” recorriendo el interior de V'Ger, al más puro estilo de cualquier partido en los infinitos campos de futbol vistos en la serie de dibujos animados “Oliver y Benji” (Captain Tsubasa, Yōichi Takahashi, 1983). O ya que estamos, igual que en los combates interminables entre Son Goku y el rival de turno, en los que iban sucediéndose los fotogramas del capítulo sin que ninguno de los dos diera el primer golpe “Dragon Ball Z” (íd, Akira Toriyama, 1989).


Volvamos al quid de la cuestión. La petición de escribir este prólogo me llevó a debatirme internamente entre dos posturas claramente diferenciadas. Por una parte, mi yo interior me decía “No serás capaz de hacerlo”. Y no le faltaban buenas razones a ese argumento, ya que nunca he escrito un prólogo. Ponerme a ello me daba mucho respecto y, porque no admitirlo, también un poco de miedo. Sin embargo, otra parte de mi me decía “Venga, es ‘Star Trek’, será divertido...”. Y lo reconozco, no puedo negarme a nada que tenga que ver con “Star Trek”, una de mis sagas favoritas de “Ciencia Ficción”. Y así, emulando al gran Leonard Nimoy cuando tuvo que decidir, mediante la publicación de dos libros, si era o no era Spock, yo tuve que pasar por el mismo ritual vulcano para decirle a Miguel que sí, que podía contar conmigo. Vayan por delante mis excusas por si divago demasiado, por si menciono algún hecho obvio por todos los lectores o por si provoco alguna pequeña rencilla con algunas de mis opiniones. Empezamos...


No quisiera entretenerme hablando de los hechos que llevaron a “Paramount” a tomar la decisión de hacer esta película. Tampoco de los continuos problemas con los guiones y los responsables contratados, ni de como se aprovecharon, finalmente, los recursos invertidos en el proyecto “Phase II” para esta aventura cinematográfica. De ello ya se encargarán, con muchísimo más criterio que yo, el resto de los autores de este artículo. Pero de lo que sí quiero hablaros es de lo que representa “Star Trek: La Película” para mí. Como aficionado a “Star Trek” que soy, y conocedor de las amplias quejas asociadas a la película, algunas de las cuales también comparto, permitidme partir una lanza en su favor. Para mí “Star Trek: La Película” representa “El Principio”, así, tal como suena y en mayúsculas. Con ello no me refiero al principio de la saga en formato cinematográfico, me refiero a un principio simbólico, etéreo. Quizá, para que entendáis mejor a lo que me refiero, un concepto más adecuado sería decir que “Star Trek: La Película” representó un punto de inflexión entre lo que conocíamos previamente de “Star Trek”, y todo lo que se produciría a partir de entonces.


En “Star Trek: La Serie Clásica”, término que debió acuñarse para diferenciar la serie de finales de los sesenta del resto, se nos mostraban las hazañas y aventuras de una tripulación a bordo de una nave estelar. Formaban parte de la “Flota Estelar”, un conjunto de naves exploradoras y científicas que servían a la “Federación de Planetas Unidos”, una agrupación de distintas razas de la galaxia con el objetivo común de vivir en armonía, en paz y compartir conocimientos. En resumen, un mundo utópico donde las luchas de poder, la pobreza, las guerras y el dinero han desaparecido. Esta serie nos mostró con mucho detalle cual era el escenario político y la situación entre los enemigos de “La Federación”. Prueba de ello son los excelentes capítulos sobre los Romulanos y los Klingons. Incluso se nos dan detalles sobre los personajes neutrales, como los “Piratas de Orion” o los mercaderes ilegales como Harry Mudd. Este planteamiento es obvio si pensamos en que eran las excusas y los arcos argumentales para los guiones. Sin embargo, y en mi humilde opinión, no se nos detalla mucho acerca de la “Flota Estelar” ni “La Federación”, sus políticas, sus miembros, sus objetivos, su funcionamiento interno... Aunque es cierto que en la serie se mencionan algunos procedimientos y ordenes de la “Flota Estelar”, fue a partir de “Star Trek: La Película” donde se nos empieza a detallar y ampliar este tipo de información.


Fijaros bien. En los capítulos clásicos de “Star Trek”, prácticamente desde el principio del episodio ya estábamos inmersos en la misión de turno. El esquema era siempre el mismo: “Cuaderno de Bitácora del Capitán. Fecha Estelar tal y cual. El alto mando nos ha ordenado viajar hasta el planeta X donde debemos entregar suministros médicos. Nos han advertido que hay Klingons por los alrededores”. Y con esta breve introducción, en menos de dos minutos, ya estábamos en medio del meollo. En cambio, a partir de “Star Trek: La Película”, se nos empezó a detallar más en trabajo previo de la “Flota Estelar” para la asignación de las tareas. Las misiones vistas en las películas tenían un motivo y una razón de ser. Todo se volvió más burocrático, cierto, pero al mismo tiempo las tareas de la tripulación y su forma de actuar tenían todo el sentido del mundo para mí.


En “Star Trek: La Película”, el foco nos sitúa en la estación de comunicaciones “Epsilon 9”, la cual ha detectado la batalla entre varias naves Klingons y un enemigo desconocido. De esta investigación se descubre que el enemigo se dirige a la Tierra. Posteriormente, se nos sitúa en la Tierra, justo en medio del “Cuartel General” de la “Flota Estelar”, donde vemos como el “Almirante Kirk” retoma el mando de la “USS Enterprise” para hacer frente a esta crisis. Aunque se obvian las conversaciones entre el alto mando y Kirk, podemos hacernos una idea de su contenido. “Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982) empieza justo en medio de un simulacro realizado en la propia Academia de la “Flota Estelar”. Vemos las tareas asignadas a otras naves, como la “USS Reliant”, y como a través de ellas, se desencadena la misión de la tripulación de “La Enterprise”. Se nos muestra la faceta científica de la “Flota Estelar”, con su proyecto Génesis en una base civil, Regula 1. En “Star Trek III: En Busca de Spock” (Star Trek III: The Search for Spock, Leonard Nimoy, 1984), vemos a “La Enterprise” regresar a la “Base Estelar” de la Tierra, y al Almirantazgo ordenando la retirada del servicio activo de la nave. Vemos a la tripulación en su tiempo libre, a los oficiales de seguridad, y se nos muestra el trabajo aburrido de un oficial de “Teletransporte”.


En “Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra” (Star Trek IV. The Voyage Home, Leonard Nimoy, 1986) una sonda alienígena pone de nuevo a la Tierra en peligro. Y aquí más que nunca es donde vemos al alto mando de la “Flota Estelar” en plena crisis. Incluso empezamos a ver a otras razas en el juicio del final de la película. “Star Trek V: La Última Frontera” (Star Trek V: The Final Frontier, William Shatner, 1989) nos permite subir un escalón más. Se nos muestra a la mismísima “Federación de Planetas Unidos”, a su presidente, y como la “Flota Estelar” se encuentra a sus órdenes. Finalmente, en “Star Trek VI: Aquel País Desconocido” (Star Trek VI: The Undiscovered Country, Leonard Nimoy, 1991), el broche de oro se lo lleva la negociación del tratado de paz con los Klingons en Khitomer, donde de nuevo se ve al resto de los miembros de “La Federación” y a la “Flota Estelar” trabajando como embajadores. En cuanto a todo lo que rodea a la Federación, pese a lo visto en la quinta y sexta película, tuvimos que esperar a “Star Trek: Enterprise” para verla con más lujo de detalles. Espero que estos ejemplos hayan puesto de manifiesto lo que pretendía explicaros con el concepto de que “Star Trek: La Película” representó un punto de inflexión entre lo que conocíamos previamente de “Star Trek” y todo lo que se produciría a partir de entonces. A mi parecer, mejoró la forma de explicar las situaciones y a ponernos en antecedentes haciéndonos participes del día a día de la “Flota Estelar”.


He aquí otro punto de inflexión, ya que sin ningún tipo de dudas, “Star Trek: La Película” redefinió a la raza Klingon para toda la saga. Si nos centramos en ellos veremos que mejoran en todos los aspectos. Adquieren su “Importancia bélica” y se les empieza a definir su “Forma de ser”. A nivel estético también se definen más ampliamente. Los diseños de su vestuario, el interior de sus naves, y sí, incluso su idioma (Con el trabajo inicial de James Doohan y posterior trabajo de Marc Okrand). Los Klingons empiezan a tener un peso relevante, a ser importantes y fundamentales para el resto de la saga. Mucho del trabajo aquí desarrollado adquiere especial énfasis en la tercera y la sexta película. Incluso en la serie de “Star Trek: La Nueva Generación” (Star Trek: The Next Generation, Gene Roddenberry, 1987-1994). Una curiosidad. El “Capitán Klingon” que vemos al principio de la película fue interpretado por Mark Lenard, secundario habitual en “Star Trek”, y que tiene el honor de haber sido el primer actor en interpretar a tres razas distintas de este universo. Interpretó al “Comandante Romulano” visto en el capítulo “Balance of Terror” (1x14), al Vulcano Sarek, el padre de Spock, en el capítulo “Journey to Babel” (2x10), y al “Capitán Klingon” en “Star Trek: La Película”. Sus trabajos posteriores en “Star Trek” recayeron en interpretar a Sarek, Embajador de Vulcano y padre de Spock, en el resto de las películas clásicas y algunos capítulos de “Star Trek: La Nueva Generación” (Star Trek: The Next Generation, Gene Roddenberry, 1987-1994).


No me gustaría acabar este prologo sin hablar de cómics, ya que todo lo acontecido en “Star Trek: La Película” ha dado muchísimo juego en las viñetas de los cómics de “Star Trek”. La película se estrenaba en “USA” en diciembre de 1979, y casi simultáneamente la “Casa de las Ideas”, la “Editorial Marvel”, publicaba su adaptación al cómic. Aún se me hace raro ver la famosa entradilla “Stan Lee presents: A Twenty-Third Century Odyssey Today! Star Trek”. Este cómic se imprimió en tres formatos distintos. De ello hablamos en “www.StarTrekComics.es”. Un par de años más tarde se editarían en España traducidos. En la gran obra maestra “Deuda de Honor”, de Chris Claremont y Adam Hughes, se menciona que aparte de las tres naves Klingons vistas al principio de la película y que fueron vaporizadas, hubo una batalla previa esta vez con restos. En los restos de la nave Klingon se encuentran un prototipo, definido como “Un arma simplemente terrorífica que solo sirve para agujerear planetas”. Esta arma secreta Klingon cobra especial importancia en el devenir de los hechos.


Saltando a obras más recientes, en “Star Trek: Nero” se nos relata cómo Nero vivió los 25 años que lo separan entre que llegó y destruyó la “USS Kelvin”, a cuando captura a Spock adulto. Dentro de esos 25 años, una pequeña pero inteligentísima sonda llamada “Voyager 6” le ayuda en su misión de dar caza a Spock. Finalmente, en “Star Trek: Leonard McCoy Médico Fronterizo”, de John Byrne, vemos como el Almirante Kirk supervisa el rediseño de la “USS Enterprise”, y a un “Dr. McCoy”, retirado de la “Flota Estelar”, haciendo lo que mejor sabe al estilo de “Médicos sin Fronteras”.


Las historias en este cómic pasan poco antes de que movilicen a “La Enterprise” para su misión en “Star Trek: La Película” y saquen a McCoy del retiro. Es posible que a muchos aficionados no les gusté “Star Trek: La Película”, pero si lo pensáis bien, es la que más encaja con la filosofía de “Star Trek”. Ir a nuevos, extraños y desconocidos mundos y conocer nuevas formas de vida. ¿Qué hay más desconocido y extraño que V´Ger, que representa un conocimiento y un poder sin límites, pero que lo usa sin inteligencia emocional? ¿Una nueva forma de vida (Inteligencia artificial) que poco a poco va llegando a este mundo? Debería darnos miedo mirar al abismo, ya que este puede devolvernos la mirada. ¡Esto es lo que representa V'Ger! Un atisbo de nuestro, posible, futuro.

Sergio Toboso (Figueres, 1978): Colaborador habitual en tiendas especializadas y festivales lúdicos de su zona geográfica. Organizador, dinamizador de actividades relacionadas con la cultura “Pop” y demostraciones de juegos de mesa y juegos de “Rol”. Orgulloso de definirse como “Trekkie”, “Warie”, “Whovian”, “Gater”, “Frakker” y muchas más palabras raras. Es co-editor de los cómics de “Star Trek” (“Editorial Drakul”) y fue vice-presidente del “Club Star Trek” de España (2010-2014).

Crítica:

Siempre he sido más de “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977). Sí, sé que es una manera bastante rara de iniciar una crítica sobre la primera película del universo “Trekkie”. Rara y ni siquiera original, porque no soy el que inventó eso de mencionar la famosa saga galáctica a la hora de hablar de cualquier título que esté relacionado con “Star Trek:”, y aunque no deseo entrar en una comparativa entre ambas (No es el momento ni el lugar), por más interesante que sea el experimento, sí es verdad que prácticamente me veo obligado a mencionar la historia de los Skywalker a la hora de comentar “Star Trek: La Película”. Con las dos franquicias sucede lo mismo que con muchas aficiones que poseen dos caras enfrentadas por la eternidad, más por los “Fans” que por los responsables de llevarlas a cabo.


Ahí tenemos a “Marvel” y “DC”, en especial en el terreno fílmico, que se ha recrudecido desde que la segunda presentase un universo continuista en la pantalla grande similar al de la primera; en el terreno de la literatura no es diferente, y lo normal es dar con enfrentamientos entre lectores de J. R. R. Tolkien y de George R. R. Martin, sin olvidar que suelen ser más fuertes cuando nos sumergimos en la literatura de terror, y los nombres a tratar son los de H. P. Lovecraft, Edgar Allan Poe y Stephen King; los “Videojuegos” tampoco se libran, y una de las batallas infinitas, con insultos y amenazas de por medio, es la que se lucha entre los seguidores de “Sony” y los de “Nintendo”, como si el “PC” fuera un simple espectador que sonríe, comiendo palomitas, mientras sus competidores se matan; y cómo pasar por encima de los “Futboleros” y ese seguimiento acérrimo por ciertos equipos que ni siquiera mencionaré en el análisis de una película. Espero haberme explicado bien con respecto a la idea que quiero compartir con vosotros, la idea de que los bandos existen en multitud de áreas, y una de ellas es la de las sagas galácticas en el celuloide, porque parece ser que o se es un aficionado a “Star Wars” o un “Trekkie” que escupe sobre la orden Jedi.


Afortunadamente, hay muchos “Fans” que disfrutan de ambos grupos por igual. Sí, existen lectores de “Marvel” y “DC”, al igual que hay “Gamers” que adoran tanto una nueva entrega de “La Leyenda de Zelda” que el último “God of War”, por poner algunos rápidos ejemplos. Es posible que sus gustos se inclinen por unos u otros ligeramente, pero siempre poseerán la capacidad de disfrutar con todos, y esa es la suerte que tenemos muchos con “Star Wars” y “Star Trek”. Si siempre me ha interesado más la franquicia creada por George Lucas, ha sido en lo esencial porque la conocí antes, me llegó mucho antes que la de “Star Trek”, la cual entró en mis gustos cinematográficos gracias a las producciones centradas en la nueva generación del “Enterprise”, sí, la comandada por el genial Jean-Luc Picard, interpretado por el eterno Charles Xavier del celuloide, o lo que es lo mismo, por Patrick Stewart. Entre finales de los 90 y comienzos del presente siglo me imbuí de la magia espacial del “Enterprise”, descubriendo un mundo de “Ciencia-Ficción” muy distinto al de “Star Wars”, aunque similar en numerosos aspectos.


Como decía antes, la otra cara de una misma moneda que me llevó a disfrutar bastante de la trilogía impulsada por J. J. Abrams, que más que un “Reboot” no dejaba de ser una serie de secuelas desde otro prisma, y no quiero entrar en “Spoilers” al respecto, pero sí, entran en el universo “Trekkie” tal y como lo conocemos, el nacido a partir de la serie original que duró sólo tres temporadas, entre 1966 y 1969. Cerrada por la falta de audiencia, a pesar de que parezca mentira hoy día con la legión de “Fans” que posee, el fenómeno “Trekkie” se recuperó por todo lo alto gracias a “Star Trek: La Película”, un filme que no escatimó en gastos, siendo por entonces un “Blockbuster” tan ambicioso y enorme como lo son estos días los títulos empujados por Abrams. Supongo que a las nuevas generaciones eso les parecerá algo complicado, ya que hablamos de una cinta que ha envejecido mal en ciertos aspectos, pero es evidente si tenemos en cuenta que tiene más de treinta años, estando cerca de los cuarenta, que se dice pronto. Tampoco es que todo en “Star Wars” haya envejecido bien, por si alguien quiere saber mi opinión al respecto. Objetividad al poder, por supuesto.


A “Star Trek: La Película” no le hizo falta mucho para ser un éxito. Una cantidad ingente de filmes y series en torno al universo “Trekkie” transformaron una humilde serie de televisión cancelada en todo un movimiento mundial que, especialmente en los medios anteriormente mencionados, se ha aprovechado más y mejor que la eterna guerra entre “El Imperio” y la “Alianza Rebelde”. Es probable que “Star Trek” sea un fenómeno menos popular fuera de “Estados Unidos”, y sin embargo, pocas dudas hay sobre la importancia que ha tenido el mundo en el que se mueve la “Enterprise” para la “Ciencia-Ficción” de las últimas décadas, y no sólo me refiero al cine y la televisión, sino a la literatura, los cómics, los “Videojuegos”...  Las cifras que mueve “Star Trek” son menores que las de “Star Wars”, eso también es bastante evidente, pero en ocasiones los temas que se tratan en sus obras audiovisuales resultan igual de interesantes, e incluso más. “Star Trek: La Película” es un gran ejemplo de ello, un filme donde las soluciones no pasan la mayorías de las veces por el uso de la violencia, sino por la utilización de la diplomacia, el diálogo y la inteligencia de los personajes que intervienen.


En este contexto, no es de extrañar que el argumento principal, sencillo pero no simple, tenga incluso numerosas connotaciones filosóficas de las que carecen los actuales filmes de “Star Trek”, y no digamos ya muchos “Blockbusters” incorporados al género de la “Ciencia-Ficción”. La revelación final acerca de lo que es en realidad la nube antagonista da para una extensa tesis que conectaría perfectamente con “2001: Una Odisea del Espacio” (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), ese clásico tan querido como denostado. Y sí, si algunas escenas os recuerdan a ésta última es porque “Star Trek: La Película” bebía bastante de la obra de Kubrick. Si “Star Wars” en aquel momento era todo aventuras, acción y “Blockbuster” a la enésima potencia, “Star Trek: La Película” consiguió ser algo más íntimo, mucho más orientado hacia el seguidor de la “Ciencia-Ficción” más “Hard”, mientras que la otra iba dirigida a los más nuevos en el género. Ni siquiera te tenía que gustar para disfrutar “Una Nueva Esperanza” –o como se la llamaba antiguamente y de forma más prosaica, “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977)-, sin embargo, si a uno le encantaba la “Ciencia-Ficción”, salía maravillado con la primera aventura de “La Enterprise” en la pantalla grande. No es de extrañar si tenemos en cuenta que su historia va de menos a más, con un “Clímax” final de infarto y, repito, muy deudor de las preguntas recurrentes que se realizan numerosos títulos del género.


Admitiendo que hay que ser muy aficionado a la “Ciencia-Ficción” para disfrutar al cien por cien de “Star Trek: La Película”, pero también hay que serlo de la serie original “Trekkie” para aprovechar de todo lo que el filme nos ofrece. Eso se nota en especial cuando la trama nos muestra a los personajes principales, es decir, cuando desfilan por el metraje por primera vez los ya famosos Kirk, Spock, Scotty, Sulu, Chekov, Uhura y el doctor McCoy. Cero presentaciones de personajes, como si el guión considerase que puede prescindir de ello, lo que es cierto si somos seguidores de la serie televisiva, pero no si nos acercamos por primera vez a un título “Trekkie”, y no digamos si éste es la primera película de la saga. El acierto de la cinta es mostrarnos cómo son conforme la trama avanza, aunque no hubiera venido mal alguna que otra muestra de qué resalta en cada uno de ellos, en vez de tanta escena alargada mostrándonos el espacio infinito o hasta la última tuerca de “La Enterprise”, nave que posee uno de los diseños más elegantes de la “Ciencia-Ficción” del celuloide. En estos tiempos en los que el “CGI” ha terminando devorándolo todo en lo que a diseño de naves se trata (Aunque parece que poco a poco se van integrando de nuevo los efectos especiales más prácticos, como muestra el séptimo capítulo de la saga “Star Wars”), resulta reconfortante recuperar producciones como la presente donde se pueda apreciar el trabajo de artesanía de los técnicos encargados de dar vida al espacio.


Aquí se deben mencionar los nombres de los justamente legendarios Douglas Trumbull y John Dykstra, los encargados de los efectos especiales fotográficos cuyos principales méritos constan en el “¿Cómo se hizo?” que leerán párrafos más abajo. Gran parte del éxito o del fracaso de “Star Trek: La Película” dependería de la labor que realizasen los equipos que capitanearon. En la actualidad, en la mayoría de los casos se pueden apreciar los trucajes más simples empleados en producciones como ésta o coetáneas, pero todo lo que entrañe un efecto visual o maqueta es convincente. También si se contempla el montaje del director del año 2001, en el que otro equipo de efectos visuales se encargó de mejorar ciertas escenas (La llegada de Kirk a “San Francisco”, por ejemplo) respetando lo máximo posible el trabajo invertido a finales de los años 70, justo cuando se produjo el gran “Boom” de las películas espaciales con muchos efectos de por medio. Traten de imaginar qué pensarían los seguidores de la serie de televisión original en cuanto llegaron a los cines y contemplaron el espectáculo que los responsables de la película les tenían reservado en lo que a “Fuegos artificiales” se refiere.


Ya se ha dicho que hay muchas escenas alargadas mostrando el espacio o “La Enterprise”. Aquí es donde para muchos reside el principal talón de Aquiles de “Star Trek: La Película”, puesto que alterna momentos espléndidos con otros de diálogos y naves en movimiento que pueden producir aburrimiento en espectadores proclives a otros tipos de fantasías espaciales, o que no comulguen mucho con “Star Trek” o que acaben de llegar al universo creado por Gene Roddenberry. Dicho de otra manera: “Star Trek: La Película” quizás no sea el título de la saga que recomendar más efusivamente a aquellas personas que deseen empezar a explorarla pero no saben por dónde, si bien cada espectador es un mundo y es posible que sus gustos en lo que a ciencia ficción se refiere concuerden con los que ofrece la propuesta de “Paramount”/Gene Roddenberry/Robert Wise.


Es justo mencionar el nombre del director Robert Wise, quien pasó de tener unos inicios en el mundo del cine muy humildes en la “RKO” de los años 40 a capitanear una de las producciones más caras de la historia del cine por aquel entonces –Unos 46 millones de dólares que hoy en día se consideran calderilla para los estudios que levantan superproducciones mucho más multimillonarias- poniendo el broche final a su distinguida carrera (En el “¿Cómo se hizo?” también aparecen consignados sus grandes éxitos, incluso en el campo de la “Ciencia-Ficción”, donde no fue precisamente un absoluto desconocido). Su excelente mano para dirigir actores se nota en aquellas escenas de diálogos entre personajes (Si bien los actores fueron claves para aportar a un Wise no demasiado experto en el mundo “Trekkie”). Y también su clásica puesta en escena. Wise cultivó prácticamente todos los géneros del cine y en todos ellos aportaba su sapiencia cinematográfica al servicio de la historia que le encomendasen sin procurar llamar la atención con su labor.


Quizás por eso –y por su malquedar con Orson Welles que se detallará más abajo- el suyo no fuese un nombre excesivamente popular entre ciertas élites “Cinéfilas” por más que fuese una personalidad muy respetada entre Hollywood y sus profesionales. Hasta el punto de que, muchos años más tarde del estreno de la película que nos ocupa, hacia el 2000, pidió humildemente a “Paramount” poder hacer por fin su montaje deseado de “Star Trek: La Película”, aceptando de inmediato el estudio de la montaña nevada. En parte por la posibilidad de continuar explotando beneficios para una de sus principales “Gallinas de los huevos de oro”, en parte para contentar a aquellos seguidores que no quedaron muy conformes con el montaje original, en parte por respeto a un director que apenas dio problemas a los grandes estudios a lo largo de las décadas. En cualquier caso, un remontaje bienvenido que permitió a Wise quitarse una pequeña espina profesional. Fue el último proyecto en el que trabajó antes de morir en el 2005.


Hay que reconocer que con sólo haber sentido de pasada la popularidad de nombres como los de Spock, Kirk o “La Enterprise”, se le eriza a uno cada pelo del cuerpo cuando aparecen en pantalla, sobre todo en el caso de ese grandioso Leonard Nimoy, al igual que lo hacen sus compañeros de viaje, quienes descubren, asombrados, que nuestro vulcaniano favorito carece de toda emoción debido a un ritual realizado en su planeta natal. Tal es el poder del fenómeno “Trekkie”, capaz de producirnos escalofríos al mostrarnos sus más características cartas a pesar de no ser “Fans” incondicionales de su universo. Y es que “Star Trek: La Película” es “Star Trek” en estado puro, de principio a fin, desde el regreso de Kirk a “La Enterprise” hasta ese final tan de la serie original, pasando por la potente presencia de Spock, los humos que se gasta McCoy o la amistad entre Kirk y Scotty, sin olvidar “La Enterprise”, los “Teletransportadores”, los uniformes de la “Flota Estelar” y la convivencia con otras especies del cosmos, muy distintas a los humanos.


Destaquemos igualmente de entre los personajes a Ilia, encarnada por la modelo y actriz india Persis Khambatta que resulta una presencia inolvidable (En parte por su atractivo físico, en parte por su imagen calva que se convirtió en uno de los iconos de la saga a pesar de que Khambatta sólo intervino en esta producción) y siempre bienvenida cada vez que la cámara se posa en ella. Mereció algo más de suerte profesional y personal la actriz, magnética en sus apariciones. Puede decirse que lo único que falta es el pellizco vulcaniano para que la cinta contenga todo lo que la cultura popular ha recogido de “Star Trek” para invitarnos a descubrir todo lo que tenga que ver con su cosmos.


Ahora viene lo que os puede parecer una contradicción, porque a pesar de que “Star Trek: La Película” es en la práctica una extensión de la serie original, un método de supervivencia de ésta, al mismo tiempo supone un perfecto punto de partida (Si bien, repetimos, quizás haya espectadores que no concuerden con esta opinión y prefieran otros) para aquellos que desconocen por completo lo que significa adorar lo “Trekkie”. Sí, sé que pocas líneas antes he comentado que los personajes están presentados como si ya los conociéramos (Apenas presentados en todo caso), y que da la sensación de que han cogido de aquí y de allá de la serie para construir el filme, que no es ni mucho menos un capítulo alargado, por cierto. Sé las palabras que he comentado en este análisis, y aunque os dé la impresión de que me contradigo, en absoluto es así, porque lo supieron hacer lo bastante bien como para que cualquiera se aproxime al universo de “Star Trek” y quede rendido para siempre con la cinta, siendo la primera de muchas que pueden disfrutarse independientemente de las series que han ido apareciendo, resucitando cada cierto tiempo gracias, sobre todo, a los empujones de los “Fans”.


Sin ir más lejos, “Star Trek: La Película” vivió un pequeño calvario antes de salir adelante, estrenándose su secuela a pesar de los “Flojos” resultados en taquilla, y las comillas son muy intencionadas, dado que triunfó por todo el globo, aunque no de la manera esperada por la productora, que vio un pequeño tropiezo que le saliera tan cara la producción y no triplicaran los beneficios sólo en “Estados Unidos”. Por fortuna, la saga continuó en el cine, con una calidad irregular en las entregas a partir de la tercera, porque la segunda es oro puro, y eso que la primera parte ya lo es a todos los niveles. Como ya se dijo, unos efectos especiales fantásticos (Vale, en algunas escenas la cosa no ha envejecido nada bien, así que hay que tirar bastante de nostalgia), unas actuaciones de notable, una dirección perfecta, una banda sonora de matrícula de honor (Espectacular Jerry Goldsmith) y un guión muy, muy bueno, uno de esos guiones desarrollados con inteligencia, que convierten un metraje de más de dos horas en uno de cinco minutos debido a lo absorbente que resulta para el espectador.


Regreso a la idea de que se puso toda la carne en el asador con “Star Trek: La Película” a todos los niveles, siendo una gran apuesta que buscaba no sólo al “Fan” incondicional de la serie original, sino a aquellos que pudieran ampliar las filas de los amantes de la “Ciencia-Ficción”. Y lo consiguió, vaya si lo consiguió. Solo hace falta ver los beneficios obtenidos por la saga para comprobarlo ¿No sois “Trekkies”? Sólo os hace falta visionar “Star Trek: La Película” para iniciar un camino hacia el espacio, la última frontera, y conocer así los viajes de los exploradores de “La Enterprise”. Un viaje que no tiene visos de terminar: mejores o peores, o estando en manos más o menos capacitadas, las películas de “Star Trek” tienen garantizadas la inmortalidad gracias a las legiones de seguidores que las contemplan y comentan dispuestos a sacar todos los detalles que tienen tras de sí. Sin obviar, claro, los continuos planes para continuar explotando la franquicia en diversos medios. Una inmortalidad muy difícil de conseguir, pero que ni Gene Roddenberry ni los participantes de la serie original no podían imaginarse allá por 1966.

¿Cómo se hizo?

Star Trek” no había sido una serie que entusiasmase demasiado a los ejecutivos de la “NBC”, durando sólo tres temporadas desde 1966 a 1969. La creación predilecta de Gene Roddenberry no tenía buenos datos de audiencia, por lo que desde los despachos de “NBC” se ordenó la cancelación de la serie, pero sus propietarios, “Paramount Studios”, pensaban que quizás se podrían continuar extrayendo beneficios si vendían sus derechos de sindicación. La jugada salió redonda, puesto que fue a través de las reposiciones de la serie cuando comenzó a cultivarse un núcleo de seguidores muy potente. Baste decir que en los años 70 ya se había vendido en 150 mercados domésticos y 60 internacionales, lo cual aseguró por fin el paso a la inmortalidad de las aventuras del “Capitán Kirk”, Spock y compañía mucho más allá del tiempo y el espacio.

Robert Wise

La viuda de Gene Roddenberry, Majel Barrett-Rodenberry, recordaba cuánto apreciaba su difunto marido al público que habría de entronizar “Star Trek” como uno de los grandes hitos de la historia de la televisión: “Gene buscaba a alguien inteligente con el que comunicarse, y encontró a la audiencia, porque las emisoras nunca tenían en cuenta la inteligencia del público. Quería ser escritor a sueldo y quería ganarse la vida con eso. Quería una oportunidad para plasmar sus ideas en papel, pero en su época no podía. Había una censura previa aquellos días. Cambiaba cosas cuando podía, pintaba a alguien de verde o les vestía de forma extraña. Así materializaba algunas de sus ideas, los censores no revisaban cada frase, así fue introduciendo sus ideas. Así nació ‘Star Trek’. Tras su cancelación, luchamos y logramos que se reemitiera en otras cadenas. Sólo había 79 episodios y se necesitaban 100, pero lo hicieron igual. Fue una decisión inteligente por parte de ‘Paramount’”.

Gene Roddenberry

Tal como declaraba Garfield Reeves-Stevens, experto en “Star Trek”: “En ‘Paramount’ se dieron cuenta de que ‘Star Trek’ era un éxito y se sintieron frustrados al pensar que era una oportunidad que habían perdido. ¿Cómo podían relanzarlo?”. Y es que, para William Shatner: “Para los que la hicimos, ‘Star Trek’ era una forma de vida. Tras la conclusión de la serie, se habló mucho acerca de resucitarla. Al ver cómo aumentaba de popularidad, se decidió hacer algo”. Hay que hacer un pequeño paréntesis para señalar que ya en 1968, justo cuando se estaba emitiendo la serie, Gene Roddenberry tuvo la idea de hacer un largometraje que desgranase cómo se conocieron los tripulantes del “Enterprise”, pero no sería hasta 1975 cuando “Paramount” y Roddenberry se pusieron a trabajar en serio en la idea.

Majel Barrett-Rodenberry

El estudio comenzó a financiar el guión de la película, llamado “The God Thing”, en el que el “Capitán Kirk” y su tripulación debían de hacer frente a una criatura casi divina que se dirige a la Tierra. Este proyecto, sin embargo, no terminaba de concretarse, y el estudio ya estaba demandando nuevos guiones a cargo de escritores especialistas en la “Ciencia Ficción” del calibre de Ray Bradbury, Harlan Ellison o Theodore Sturgeon. Ninguna de las propuestas de los escritores salió adelante para tristeza de Roddenberry (Quien recibió numerosas cartas de seguidores animándole a hacer la película) y de los actores de la serie, que tuvieron que ir aceptando otras ofertas de trabajo ante la parálisis en el proyecto de la película.

Jon Povill

El interés de los ejecutivos de “Paramount” empezó a apagarse, prefiriendo desarrollar el nuevo proyecto “Star Trek” en su división para la televisión. Jon Povill, uno de los colaboradores de Roddenberry que había propuesto otra idea desechada por el estudio para la película consistente en que la tripulación del “Enterprise” debía reparar alteraciones en el universo viajando en el tiempo, creó una lista en junio de 1976 con escritores potenciales para el proyecto. Una lista muy ambiciosa donde se encontraban nombres como los de Francis Ford Coppola, George Lucas, Ernest Lehman y Robert Bloch, entre otros que formaron parte de un total de 34 escritores. Al final los elegidos fueron la pareja formada por Chris Bryant y Allan Scott, quienes habían escrito “Amenaza en la Sombra” (Don’t Look Now, Nicolas Roeg, 1973). Al mismo tiempo, Povill sugirió una serie de directores importantes para poner en marcha la película: Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, George Lucas y Robert Wise. Pero estos cineastas, o bien manifestaban estar demasiado ocupados con otros proyectos o directamente no estaban muy entusiasmados, si bien Wise, como luego veremos, se uniría al proyecto en otras circunstancias.


El director finalmente elegido fue Philip Kaufman, quien reconocería no saber demasiado de la serie, pero al que Gene Roddenberry ayudaría a ponerle en situación proyectando diez episodios representativos de la misma como “The City on the Edge of Forever”, “The Enemy Within” o “A Piece of the Actions”. El 8 de octubre de 1976, la pareja de guionistas tenía listo un tratamiento de 22 páginas llamado “Planet of the Titans” en el que Kirk y compañía se encontraban con los Titanes. Al estudio le gustó este tratamiento y el proyecto fue consolidándose con el fichaje de Ken Adam como diseñador de producción y Ralph McQuarrie como artista conceptual. McQuarrie, como es sabido, fue uno de los hombres clave en la todavía por estrenarse “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977), y a él le correspondió ir diseñando criaturas y planetas.


Pero el 1 de marzo de 1977 marcó una fecha clave en la no realización del proyecto. Ese día se concluyó el guión definitivo, y no dejó a nadie satisfecho. Empezando por la “Paramount” y concluyendo por los propios guionistas, quienes argumentaron que las ideas de Roddenberry y Kaufman chocaban muy a menudo y se dejó notar en el resultado final del libreto. Bryant y Scott abandonaron el proyecto, y Kaufman trataba de conseguir a Toshiro Mifune para interpretar a un enemigo Klingon de Spock, pero el ejecutivo Jeffrey Katzenberg informó a todos los involucrados que el proyecto se cancelaba y que sería mejor idea concentrarse en una nueva serie de televisión. Así, se anunció a bombo y platillo la creación de “Star Trek – Phase II”. Tal como señalaba Garfield Reeves-Stevens: “Los ejecutivos cambiaban de idea una y otra vez, no se decidían a hacer una película cara o una serie de televisión. Al final crearon el nuevo canal P’aramount’, la nueva serie y que tuviese todo el reparto original con Leonard Nimoy, William Shatner y los demás en una nueva misión de cinco años”.


Gene Roddenberry comenzó entonces a reunir al equipo creativo que habría de desarrollar “Phase II”, comenzando por el productor y escritor Harold Livingstone, quien recordaba: “Me contrataron como productor creativo, Bob Goodwin era el productor en línea, Gene era el productor ejecutivo. Alan Dean Foster había enviado la historia de V’Ger y decidimos que a Gene y a mí nos gustó y decidimos llevar adelante”. Jon Povill siguió relatando detalles sobre esta serie de televisión, que al parecer no entusiasmaba demasiado a Gene Roddenberry: “Paramount decidió crear una cuarta cadena. ‘Star Trek – Phase II’ iba a ser su emblema. Contrataron a Harold Livingston como guionista y productor. Gene iba a volver a trabajar. Meses atrás lo había visto y no estaba muy animado con volver a trabajar en ‘Star Trek’. Esto es algo que obviamente no se ha publicado mucho. Él quería dar un paso adelante y seguir con nuevos proyectos. Yo conocía ‘Star Trek’, sabía cómo estructurar un guión y conocía en profundidad a los personajes”.

David Gauteraux

Así pues, comenzó el trabajo de preproducción detallado por Garfield Reeves-Stevens: “Se rediseñó el Enterprise, se encargaron escenarios, guiones… Se trató de imaginar cómo sería el siglo XXIII…”. El principal obstáculo que ofreció la producción fue la negativa de Leonard Nimoy por volver a encarnar a Spock, todo lo contrario que el resto del reparto original de la serie encabezado por William Shatner. La solución de Roddenberry fue crear un nuevo personaje, Xon, también del planeta Vulcano, que sería encarnado por David Gauteraux. El actor contaba: “El principal rasgo del personaje, que permaneció inmutable en el tiempo que encarné a Xon, es que se trataba de un Vulcano puro. No tenía un componente humano, sin emociones. Las emociones se habían prohibido en su planeta generaciones atrás, para evitar las guerras. Probablemente hicieron pruebas a todos los actores con ese físico peculiar. Xon tenía entre 23 y 25 años, acababa de salir de la Academia de Ciencia Vulcana, un personaje joven y atractivo. El día del casting fue una competición como un partido de fútbol, con mucha competitividad. ¿Quién se hará con el pase? Fui yo”.


No obstante, Harold Livingston no tuvo más remedio que ponerse a trabajar más de la cuenta en cuanto el inicialmente contratado Bill Norton anunció su imposibilidad de ponerse a trabajar en “Phase II”: “Bill Norton me llamó dos semanas después para decirme que no podía hacerlo. Sólo me quedaban cinco semanas y no tenía elección. Debía irme a casa, encerrarme, tirarme en el suelo y escribirlo yo mismo. Yo no quería hacerlo, pero debía, y sólo tenía cinco semanas”. A pesar de todo, se completó el libreto para el episodio piloto escrito por Alan Dean Foster, “In Thy Image”, que según Jon Povill: “Era sobre un satélite lanzado al espacio que había desaparecido y había terminado en un planeta de máquinas donde fue más o menos adoptado, mejorado y enviado de vuelta. En ese proceso se había convertido en un peligro con el que acabar”.

Harold Livingston

Pasaron dos hechos muy importantes para el devenir de los acontecimientos. Uno, que el ejecutivo de “Paramount” Michael Eisner (Futuro mandamás de “Disney” en parte de los 80 y todos los 90 a quien se le acredita el resurgir del estudio del ratón) tuvo una idea mientras leía el guión del piloto: “El 23 de agosto de 1977, menos de dos meses tras el anuncio de ‘Phase II’ hubo una reunión con Michael Eisner, Bob Goodwin, Gene Rodenberry y todos los que habían trabajado en la producción. Bob Goodwin había hablado de ‘In Thy Image’ a Michael Eisner. Entonces, según Goodwin, Michael Eisney dio un golpe en su mesa y dijo que llevaban cinco años buscando una película de ‘Star Trek’ y que ahí la tenían”. El otro gran acontecimiento:“La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977) y su impresionante éxito en taquilla que demostraba que las aventuras espaciales eran un filón a explotar para un público predominantemente joven.

Walter Koening

Tal como reconocía el actor Walter Koenig: “Pasamos de la serie de televisión que se iba a hacer a una película de serie ‘B’, de bajo presupuesto. Después, tras el éxito arrollador de ‘La Guerra de las Galaxias’, en la ‘Paramount’ comenzaron a preguntarse si tenían algo parecido que poder explotar. Alguien dijo que ‘Star Trek’”. Poco después, en noviembre de 1977, se estrenaba “Encuentros en la Tercera Fase” (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), que contribuyó a que en “Paramount” se animasen por fin a producir su propia franquicia espacial cinematográfica. “Star Trek” volvería a la televisión en 1987 con “Star Trek: La Nueva Generación” (Star Trek: The Next Generation, Gene Roddenberry, 1987-1994), pero eso ya es otra historia bien distinta. El estudio anunció entonces que se continuasen trabajando en los decorados de “Phase II”, pero aumentando significativamente su presupuesto. “Star Trek: La Película” ya estaba en marcha.


En una multitudinaria rueda de prensa celebrada en “Paramount”, Michael Eisner anunció la contratación de Robert Wise como director. Wise había empezado como montador en la “RKO” teniendo como crédito principal ni más ni menos que “Ciudadano Kane” (Citizen Kane, Orson Welles, 1941). Sólo por eso ya había entrado en la historia del cine, pero también no fueron pocos, Welles incluido, quienes le acusaron de ser uno de los principales responsables del truncamiento en el montaje de “El Cuarto Mandamiento” (The Magnificent Ambersons, Orson Welles, 1942), si bien en 1984 ambos se reconciliaron justo un año antes de la muerte de Welles. Su posterior carrera como director se caracterizó por abordar todo tipo de proyectos procurando aportar su sabiduría cinematográfica en ellos.


El Ladrón de Cuerpos” (The Body Snatcher, Robert Wise, 1945), “The Set-Up” (Robert Wise, 1949), “Ultimátum a la Tierra” (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951) “West Side Story” (íd, Robert Wise y Jerome Robbins, 1961), “Sonrisas y Lágrimas” (The Sound of Music, Robert Wise, 1965), “La Amenaza de Andrómeda” (The Andromeda Strain, Robert Wise, 1970) y muchas otras películas contribuyeron a que Wise fuese una figura muy respetada en Hollywood hasta el punto de ejercer de presidente del “Sindicato de Directores” en 1975 y presidente de la “Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas” entre 1985 y 1988. Fallecido en el año 2005, no fueron pocos los que señalaron su gran bondad como persona en una industria poco dada a este tipo de personalidades. Parece ser que la persona responsable de que Wise aceptase hacer “Star Trek: La Película” fue su esposa Millicent, puesto que era una gran seguidora de la serie. Todo lo contrario que un Wise que sólo había visto un puñado de capítulos, pero al que Gene Roddenberry decidió proyectarle una buena tanda de ellos para que fuese familiarizándose con la serie.


Según reconocería el ejecutivo Jeffrey Katzenberg, elegido por “Paramount” para supervisar de cerca el proyecto: “El término salvador es lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en Wise. Tenía excelentes credenciales, su pericia fue lo que hizo posible la película”. Todd Ramsay, el montador elegido, también destacaría las contribuciones de Katzenberg para sacar adelante la primera aventura cinematográfica del “Entreprise”: “Jeffrey se convirtió en el representante de los estudios. En ese sentido fue obra de Jeffrey. Es muy apasionado y se tomó la producción de la película como un gran romance como hace un director”. Pero antes había que resolver un gran problema en el reparto: ¿Volvería Leonard Nimoy a encarnar a Spock? Las probabilidades, según recordaba Wise, eran muy escasas: “Uno de los problemas que tuvimos fue Leonard Nimoy, dijo que no pensaba en volver a ponerse aquellas orejas, así que produjimos un primer guión sin el personaje de Nimoy. Tuvimos que ir a verle y convencerle de que lo hiciera”.


Jeffrey Katzenberg fue la persona encargada de tratar de convencer a Nimoy: “Yo tenía que reunir a la gente, supervisar la producción y tratar de crear un equipo para hacer la película. Relanzar a ‘Star Trek’ y no tener a Leonard Nimoy es como comprar un coche sin ruedas. Parecía sencillamente ilógico e imposible. Supongo que más o menos me tocó la misión de al menos dejar una puerta abierta o hacerle una propuesta. Lo único que recuerdo claramente es estar en un restaurante de ‘Nueva York’ poniéndome de rodillas y rogándole”. Y sus ruegos surtieron efecto, puesto que Nimoy volvió a bordo, aunque también se señaló a la esposa de Wise como otra de las personas clave a la hora de persuadir al actor. En todo caso, la tripulación original del “Entrerprise” volvía a reunirse de nuevo.


Robert Wise decidió trabajar a fondo con los actores para poder cambiar diálogos que no les acababa de convencer: “Los actores me decían que no dirían eso, que dirían esto otro, ya que conocían a sus personajes. Tuvimos que reescribir el guión una y otra vez hasta tener una versión que satisfizo a todos los actores. Recibía tantos cambios cada día que hubo que asignar una hora, no sólo una fecha tope”. Para William Shatner: “Bob Wise es un director que trabaja sutilmente, porque trabajaba tanto en el guión haciéndolo tan bueno que quedaba a prueba de actores Leonard tiene mucha imaginación, es muy creativo. Yo mismo estaba escribiendo. Así que también participábamos en reuniones para creación del guión”. Walter Koenig también quiso destacar al director de manera muy especial: “La oportunidad de trabajar con Robert Wise siempre será un punto destacado de mi carrera”.

Stephen Collins

El personaje de Decker fue interpretado por Stephen Collins, según Wise: “El único actor al que recluté fue Steven Collins, que hacía de Decker. Le hice una prueba y pensé que era el mejor para encarnar a ese personaje”. Stephen Collins recordaba cuáles eran sus propias sensaciones ante la oportunidad de trabajar con un director legendario y sobre su estatus dentro del reparto: “Vieron a todos los actores jóvenes de Hollywood. A mí lo que más me interesaba era conocer a Robert Wise que hacer ‘Star Trek’. A los diez días estábamos rodando, todo fue rapidísimo. Sentía como si estuviera jugando con el guante, pelota y bate de otro fuera de casa, porque yo era una especie de invasor. Pero vino bien para el papel que yo hacía, porque yo era el intruso al que tenían que aceptar porque Decker conocía la nave mejor que Kirk”.


No obstante, la incorporación más llamativa al elenco de “Star Trek: La Película” fue la de la actriz hindú Persis Khambatta en el papel de la teniente Ilia. Su figura con la cabeza rapada se convirtió en uno de los símbolos de la producción hasta el punto de que no pocos de los críticos más furibundos reconocieron que la presencia de la actriz ayudaba, y mucho, a aliviar el sopor que les produjo la película. Fallecida con sólo 48 años de edad de un ataque al corazón, Khambatta no pudo aprovechar la popularidad que le brindó esta superproducción. Stephen Collins recordaba a la actriz así: “Persis era muy dulce y por supuesto muy hermosa, una persona muy afable que creo que estaba un poco impresionada con Hollywood”. Una de las anécdotas favoritas de Robert Wise fue sin duda la concerniente al momento en que la actriz tuvo que desprenderse de sus cabellos: “Uno de los momentos más emocionantes fue cuando la llevamos a maquillaje a que le cortaran el pelo. Fue muy conmovedor. Casi lloraba cuando le cortaron su hermoso pelo negro. La afeitaron hasta dejarla completamente calva”.


La gran dificultad para Wise era tener que empezar a rodar sin tener terminado el guión, por lo que el 7 de agosto de 1978, la fecha en que “Star Trek: La Película” comenzó a filmarse, decidió animar a todos los actores: “Para terminar antes de la fecha de estreno prevista tuvimos que empezar a rodar antes de tener listo el guión final. Al iniciar el rodaje reunimos a todo el reparto en la nave y les dije que estaba complacido de rodar con leyendas como ellos”. Walter Koenig reconocería que ése fue uno de los mejores momentos vividos como actor: “El día que nos reunimos en el plató fue uno de los momentos más memorables de esta producción y sin duda de mi carrera. Fue un momento sencillamente increíble”.

Richard H. Kline

Richard H. Kline fue el director de fotografía elegido para “Star Trek: La Película”, un profesional muy relacionado con el director Richard Fleischer al ocuparse de la fotografía de películas como “El Estrangulador de Boston” (The Boston Strangler, Richard Fleischer, 1968), “Cuando el Destino nos Alcance” (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) o “Mandingo” (íd, Ruichard Fleischer, 1975), entre otras. Fue Robert Wise quien lo seleccionó personalmente en virtud de las buenas relaciones que entablaron rodando juntos otra película de “Ciencia Ficción”: “Cuando me propusieron esta película, primero pensé en Dick Kline como director de fotografía. Disfruté trabajando con él en ‘La Amenaza de Andrómeda’”. Ahora bien, no fue éste un trabajo sencillo para Kline, puesto que según confesaría años más tarde: “No teníamos las herramientas que hoy en día facilitan el rodaje en un espacio reducido. Nadie sabía lo que iban a hacer en postproducción. Pusimos iluminación reactiva para que el efecto de deslumbramiento pareciera natural. Muchas cosas las hicimos a tientas”.

Todd Ramasay

Wise no sólo escogió a veteranos, sino que también dio la oportunidad a promesas como el montador Todd Ramsay, quien tuvo su primer crédito como jefe de montaje aquí. Su carrera posterior se movería entre el cine de John Carpenter con “1997: Rescate en Nueva York” (Escape from New York, John Carpenter, 1981) y “La Cosa” (The Thing, John Carpenter, 1982) antes de caer en el mundo de la serie “B” y los directos a vídeo, alguno de ellos protagonizado por el inefable Steven Seagal. Como diseñador de producción se escogió a Harold Michelson, y quien más apostó por él fue Robert Wise: “Harold había trabajado conmigo antes en diseño de producción, cuando me puse a hacer la película me lo traje. Sabía que haría un gran trabajo”. En efecto, ambos trabajaron juntos en una de las películas menos conocidas del director, “Encuentro en Marrakech” (Two People, Robert Wise, 1973). Ahora bien, para cuando Wise se puso a trabajar en la película, vio claras varias cosas, una de ellas, que los efectos, maquetas y decorados que funcionaban para la pequeña pantalla no servirían para el cine. Centrándonos en las maquetas, quedaba claro que Wise debía ordenar cambios: “Tenían las maquetas pequeñas de la nave usadas para la serie de televisión. Supe que no funcionarían. Trabajando para el cine supe que necesitaríamos una buena maqueta de gran tamaño. Hicieron una maqueta del exterior, de tres metros de largo. Era lo bastante grande para ir alrededor de ella con la cámara, podía filmar un trozo, otro…”.


Harold Michelson y su equipo debían de trabajar a toda prisa para poder completar “La nave Enterprise”, explicando en qué consistieron los cambios más notorios: “Teníamos un tiempo limitado, aún la estaban escribiendo cuando estábamos trabajando. Les dije que cómo de completa estaría la nave cuando les llamaran para esa emergencia. Diseñé motor de plexiglás transparente. Yo no sabía qué tipo de energía lo impulsaba. Le pusieron dentro una luz, un tubo largo, que salía para atrás de la cola de la nave. Creé una falsa perspectiva, es decir, lo hice más pequeño en un extremo. A su lado había una plataforma donde pusimos a una persona de metro y medio y a un niño de 90 centímetros de alto. Así parecía mucho más grande de lo que era”. Para hacerse una idea del dinero empleado en la construcción de todos los decorados, baste decir que costaron casi dos millones de dólares, una cifra elevada para la época.

Douglas Trumbull

Los principales responsables de los efectos visuales eran dos profesionales con una reputación extraordinaria. El director de efectos especiales fotográficos fue Douglas Trumbull, cuyo trabajo en “2001: Una Odisea del Espacio” (2001: A Space Oddyssey, Stanley Kubrick, 1968) marcó un antes y un después en el campo de los efectos visuales. Con “Naves Misteriosas” (Silent Running, Douglas Trumbull, 1972) consiguió debutar en la dirección de largometrajes, añadiendo un nuevo hito a su carrera con “Encuentros en la Tercera Fase” (Close Encounters of the Third Kind, Steven Spielberg, 1977). Trumbull ya había trabajado con Robert Wise en “La Amenaza de Andrómeda” (The Andromeda Strain, Robert Wise, 1970), por lo que era obvio que trabajaría en “Star Trek: La Película”. Posteriormente, Trumbull lograría otro éxito con “Blade Runner” (íd, Ridley Scott, 1982) y dirigiría otro largometraje, “Proyecto Brainstorm” (Brainstorm, Douglas Trumbull, 1983), dedicándose luego a supervisar atracciones de feria y rodar cortos. En esta película ejerció además de director de segunda unidad sin estar acreditado por ello.

John Dykstra

Por su parte, el supervisor de los efectos especiales fotográficos John Dykstra presentaba menos credenciales que Trumbull e incluso llegó a trabajar con él en la odisea espacial de Stanley Kubrick, pero la principal que llevaba bajo el brazo sobraba y bastaba para trabajar en esta película: “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977). Dykstra fue el principal jefe de efectos visuales de la epopeya galáctica de Lucas formando parte de la primera “Industrial Light & Magic”, pero sus continuos enfrentamientos con el director, documentados en “Moteros Tranquilos, Toros Salvajes” de Peter Biskind provocaron su marcha de la empresa para convertirse en profesional “Freelance” e incluso productor de la serie “Galáctica: Estrella de Combate” (Battlestar Galactica, Glen A. Larson, 1978-1979). Dykstra todavía continúa trabajando de forma activa en el campo de los efectos visuales.


Trumbull manifestó sus grandes dificultades a la hora de filmar la maqueta del “Enterprise” y los juegos de luces que deseaba aplicar: “Yo habría hecho la maqueta más grande. Hubo que encargar un objetivo con sistema de periscopio para acercar lo bastante el objetivo a la maqueta y lograr los ángulos deseados. El periscopio tenía 90 centímetros delante de la lente que había que meter bajo la nave para lograr ciertos ángulos. Queríamos que en la nave hubiera luces suficientes para dar la impresión de que estaba autoiluminada. Había un poco de luz que salía del fuselaje y se reflejaba en el ala que sujetaba el impulsor, y más luz dentro de este”.


El técnico de efectos visuales proseguía explicando sus trucajes: “Imaginas que la nave está en el sistema solar. Tienes el Sol y por tanto un foco de luz principal, pero aquí no hay Sol. La fuente de iluminación tiene que ser el mismo Enterprise. Una vez que justificamos esto con algunas luces autoiluminándolo pensamos en añadir un gran número de motas de luz como fuentes de iluminación, pero encontramos una técnica muy sencilla. Proyectamos una luz potente sobre un conjunto de espejos de unos 2,5 cm montados en un pivote. Con eso una gran luz se multiplicaba en 50 pequeñas luces. Esto creaba esas motas de luz que daban la impresión de dimensión porque no había una gran luz, sino cientos de pequeñas luces”.


Claro que las pantallas azules en las que los actores debían interactuar con personajes o escenarios que no veían en el plató supusieron otra dificultad añadida al proyecto, ya que según John Dykstra: “Teníamos muchos planos de los actores en la pantalla azul tragando saliva o pestañeando alucinados”. Afortunadamente para los intérpretes, allí estaba Robert Wise para decirles lo que quería que imaginasen: “Yo debía explicarles qué es lo que se vería en esa pantalla azul para que reaccionaran a ello”. William Shatner recordó cómo les contaban las cosas para que pudiesen actuar con naturalidad: “Cogían una hoja en amarillo, nos dibujaban algo y nos decían que ése era el monstruo. Cuando chasqueasen los dedos, tenía que mirar al monstruo como si nos fuera a comer. Todavía no sabían cómo iba a ser ni cómo nos iba a comer, ni cómo se movía. Así se actúa en una película de ciencia ficción”.


A pesar de estos problemas, hubo algunas secuencias que fueron placenteras para aquellos que trabajaron en ellas. Douglas Trumbull se puso a recordar su favorita: “Una de las secuencias más hermosas en las que trabajé en mi vida fue cuando atraviesan la nube de V’Ger. Alison Yerxa y otros animadores hicieron esa secuencia exponiendo múltiples planos de dibujos hechos con aerógrafo. Cada plano estaba a dos centímetros del siguiente”. Según Richard Kline, y a propósito de V’Ger: “V’Ger no tenía mucha vida, era un objeto estático, tuvimos que animarlo con la ayuda de los actores y la dirección de Bob”. No obstante, el calendario de rodaje se ralentizó demasiado y comenzaron a hacerse apuestas de cuándo iba Robert Wise a perder los estribos con los retrasos y desfases presupuestarios. Cosa que nunca se produjo por la personalidad tranquila del director. William Shatner manifestaba: “Bob Wise trabajó con mucha presión. Los actores no sentimos esa presión por dos razones. Una, porque no era su trabajo, la segunda, era tarea de la dirección contener esa presión”.


Toda una institución de la música como Jerry Goldsmith se encargó de componer la banda sonora. A modo de curiosidad, se puede decir que Gene Roddenberrry ya trató de hacerse con los servicios del compositor para el capítulo piloto de “Star Trek”, pero no se encontraba disponible en aquellos momentos. Gracias a su trabajo en “Star Trek: La Película”, Goldsmith se convirtió en uno de los símbolos de la saga cinematográfica. Goldsmith ya había trabajado con Robert Wise en “El Yang-Tsé en Llamas” (The Sand Peebles, Robert Wise, 1966), y su relación fue magnífica. Aunque en una ocasión tuvieron un problema de entendimiento como el que se relata a continuación.


Puesto que, cuando Goldsmith puso a Wise la música que había compuesto para el vuelo del “Enterprise”, Wise pensaba que era más propia de otro género que el de la “Ciencia Ficción”: “Escuché las dos primeras piezas y algo no iba bien. Me hacía ver barcos veleros”. Goldsmith recordó: “Emocionaba mucho escuchar esta música cobrando vida con una orquesta. Todos se emocionaron y estaban entusiasmados. Bob no tanto, sólo sonrió”. Al poco tiempo, Wise se reunió con Todd Ramsay para comentarle que le había parecidolo escuchado, momento que el montador relataba así: “Bob me llevó aparte al pasillo y me preguntó qué me parecía la música. No podía mentirle, le dije que me sonaba a barcos veleros, y él dijo que sonaba a caravana de carretas”.


Jerry Goldsmith explicaba qué fue lo que pasó y cómo se resolvieron las cosas: “Para el vuelo hacia el Enterprise compuse una pieza magnífica. Nos pareció que era una maravilla. Cuando terminamos las sesiones me felicité a mí mismo. Pero Wise no era capaz de explicarme qué había mal. Lo sabía instintivamente, pero no era capaz de expresarlo con palabras. Me dijo que había que empezar de nuevo y me hundió. Me dijo que no había un tema. Tiempo después vino a verme. Había tenido un mal día con los efectos especiales, y me dijo que esperaba que no le diera malas noticias. Allí estaba también el jefe de departamento de música de ‘Paramount’. Cuando lo escuchó me dijo que cómo no se me había ocurrido antes”.


Las presiones de “Paramount” por tener lista la película para la fecha deseada de estreno de diciembre de 1979 provocaron que Douglas Trumbull trabajase a toda velocidad con las promesas del estudio de darle carta blanca para realizar los efectos y conseguía cumplir con los plazos. El técnico recordaba cuál era la principal ventaja con la que contaba en este tiempo frenético: “Bob Wise sabe lo que quiere, y para cuando yo llegué, la película estaba casi terminada, el rodaje principal se había terminado. Habían filmado muchas tomas con efectos y tocaba esperar hasta que terminara la postproducción. No se podían cortar tomas porque Wise contaba con ellas, no había salida”.

Jeffrey Katzenberg

El ejecutivo elegido por “Paramount” para supervisar la película, Jeffrey Katzenberg, tuvo que desplazarse por distintos puntos de California para comprobar que todo iba según el tiempo previsto: “Lo único que recuerdo de esa época es que había con mi coche más de 1600 kilómetros cada semana durante las últimas cuatro semanas de postproducción. Bob estaba en la sala de montaje, iba a ver a Doug Trumbull en Marina del Rey, la banda sonora se grababa en Fox, John Dykstra estaba junto al aeropuerto Van Nuys haciendo la otra mitad de los efectos especiales… Más o menos hacía ese recorrido por Los Angeles unas dos veces diarias haciendo de animador para que todos terminaran”. Douglas Trumbull corroboraba las prisas en la producción: “Todo se hacía a las carreras. Hacían una toma, se llevaba al laboratorio y la montaban. Lo que se hizo fue un milagro”. Eso sí, Jerry Goldsmith fue de los pocos que en esa época ya podía ver que su jefe se iba a convertir en una de las personalidades más poderosas de Hollywood con el paso de los años: “Yo siempre decía que Jeffrey Katzenberg llegaría a ser alguien importante. Era como un animador en acción. Lo hacía conmigo y con todo el mundo”.


No obstante, el principal afectado por estas prisas fue Robert Wise, quien lamentó durante muchos años el no haber podido acabar la película de la manera satisfactoria que quería sin que renegase de ella, ni mucho menos: “Tuvimos que matarnos para terminarla. Es la única de mis películas en las que no hice proyección a modo de prueba antes de hacer los últimos retoques. No tuve tiempo. Sólo pudimos terminarla y mandarla a Washington”. En efecto, la capital de “Estados Unidos” acogió el estreno de gala de “Star Trek: La Película” el 7 de diciembre de 1979 con Robert Wise llevando personalmente la copia que se iba a proyectar. Aunque antes de eso ya comenzó a aparecer el “Merchandising” relacionado con “Star Trek” que serviría como fuente de ingresos alternativa: Dos años antes “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977) ya había demostrado el enorme potencial que tenían los productos paralelos a la película a la hora de explotarla más allá de las recaudaciones en la taquilla. Una lección que “Star Trek” iba a aplicar de ahora en adelante. Por algo Jeffrey Katzenberg comentó años después: “Esa franquicia vale miles de millones de dólares para ‘Paramount’. Eso no habría sido posible sin la primera película. Representa los cimientos sobre los que se funda esta empresa”.


Con un presupuesto final de 46 millones de dólares –una cifra impresionante para la época, pero que nadie o muy pocos criticaron, todo lo contrario que las producciones coetáneas de directores como Coppola, Cimino, Spielberg o Beatty, por no hablar de otras producciones de estudio-, “Star Trek: La Película” consiguió recaudar en menos de una semana 17 millones de dólares. La cifra final recaudada en los “Estados Unidos” fue de 82 millones de dólares para hacer un total de 139 millones conseguidos por todo el mundo. Fue la quinta película más taquillera del año en territorio norteamericano, acudiendo” en masa los “Trekkies” a los cines donde se proyectaba. Sin embargo, “Paramount” no estaba satisfecha del todo con los resultados comerciales… Ni artísticos. Muchos ejecutivos pensaban que el ritmo parsimonioso de la película impidió el obtener mejores recaudaciones.


La reacción de la crítica fue variada, tirando más hacia las opiniones negativas que criticaban el exceso de diálogo y… El ritmo de la narración. Desde las páginas de la revista “Time” se denunciaba que se empleaba mucho tiempo en mostrar a las naves y poco a los humanos, comparándola negativamente con la película de George Lucas estrenada dos años atrás. Gary Arnold del “Washington Post” se cebó especialmente con William Shatner, de quien comentó que tenía la presencia física en pantalla menos impresionante desde Rod Steiger y que su estilo de interpretación recordaba lo peor de Richard Burton (Y no serían éstas las únicas críticas ni las peores que le caerían a Shatner en años posteriores…). No obstante, Roger Ebert fue el crítico más importante en defender la película aún reconociendo sus errores, al tiempo que desliaba una reprimenda hacia los críticos más severos: “Es probablemente tan buena como podríamos esperar. Carece de la deslumbrante brillantez y originalidad de ‘2001’ (Una película extraordinaria y única). Pero en sus propios términos es un trabajo muy bien hecho, con una premisa interesante. (…) Hay, sospecho, un sentido en el que puede ser demasiado sofisticado por su propio bien cuando ve una película como esta. Algunas de las primeras críticas parecían muy duras, como si los críticos no se permitieran saborear la película antes de competir para encasillarla. Mi inclinación, mientras me deslizaba en mi asiento y el sonido estéreo me rodeaba, era relajarme y dejar que la película me proporcionase un buen rato. Yo lo hice y la película lo hizo”. (Extraído de la reseña de Roger Ebert disponible en su “Web”). Las tres nominaciones al “Oscar” que cosechó (Mejor banda sonora, dirección artística y efectos visuales) terminaron por poner punto y seguido a la aventura de realizar la primera película sobre “Star Trek: La Película”.


Puesto que en el año 2001 (Una fecha simbólica de la “Ciencia Ficción”) vería la luz el llamado “Montaje del director” listo para ser comercializado en “DVD”. Un viejo anhelo de Robert Wise que por fin se vio materializado: “Quería hacer un montaje final, hablé con la ‘Paramount’ para ver si lo veían bien y dijeron que sí, estupendo. Eso fue lo que trabajé con Mike Matessino, la versión final de lo que quería cuando se estrenó”. Ya en 1983 se estrenó en televisión una versión con doce minutos adicionales que sin embargo no contó con el visto bueno de Wise, pero ahora por fin conseguiría un montaje más acorde con lo que pretendía en un principio. Michael Matessino trabajó en la productora de Robert Wise y él fue uno de los principales responsables del “Montaje del director”: “He trabajado con Robert Wise en varios proyectos en los últimos diez años, pero tardó antes de decidirse a hablar sobre ‘Star Trek’. Nos preguntó si estaríamos dispuestos a trabajar con él en una nueva versión del director y aceptamos entusiasmados. ¿A quién no?”.

David C. Fein

David C. Fein fue el productor del proyecto, poniéndose a trabajar en él con la ilusión de Wise, pero también teniendo presentes una serie de directrices de cara a respetar los realizados décadas atrás manteniendo continuidad en el tono visual y de efectos: “Resulta casi entrañable ver a Bob trabajando en ello. Es casi liberador para él. Todo debía concordar con lo hecho en 1979, ésa fue la directiva que se discutió: Lo que produjéramos tenía que concordar con las tomas, queríamos asegurarnos de que los nuevos efectos que se añadiesen no fueran más allá de lo que se habría podido hacer en 1979. Mi meta era asegurar que los nuevos efectos no destacaran, que sólo potenciaran los de 1979. Nuestro objetivo es hacer honor a los productores, a los artistas de efectos visuales de la época logrando un producto con el que habrían estado satisfechos o que se asemeje a lo que ellos habrían producido entonces”.

Daren R. Dochterman

El encargo de supervisar los nuevos efectos visuales fue Daren R. Dochterman, quien tuvo a su disposición casi todos los materiales originales con los que se trabajó en 1979: “Revisamos los storyboards del año 1979. Encontramos las tomas que queríamos. Utilizamos unas cuantas, las tomamos y las redibujamos con más detalle para poder visualizarlas con más claridad”. Además, también se conservaban las maquetas más importantes de cara a reproducirlas con fidelidad, tal como explicaba Dochterman: “Una de las grandes ventajas que tuvimos fue que tuvimos las maquetas originales, conseguimos el ‘Enterprise’ y otro par de maquetas. Pudimos ver cómo eran de verdad, así que cuando se trataba de saber qué longitud darle a algo sólo había que ir y mirar las maquetas”.


Se puede destacar, entre las numerosas secuencias que se retocaron, la de la llegada de Kirk a “San Francisco”, que fue bastante alterada en no pocos aspectos visuales por Dochterman. El técnico explicó el proceso de esta manera: “Una de las primeras cosas que hice cuando empecé a trabajar en este proyecto fue tomar tres o cuatro imágenes e hice unas composiciones con ‘Photoshop’. Una era la estación de ‘San Francisco’. Es un fondo precioso y va bien con el material que se filmó. Vi que el problema cuando llega el tranvía del capitán Kirk es que en el estudio había una pared. No tuvieron tiempo de construir una estación. Se ve el tranvía que llega y se detiene junto a una pared. Usé ‘Photoshop’, hice algunos fondos, tomé algunos elementos originales, puse algunos añadidos y calculé dónde debían estar los fondos, dónde poner objetos que pasaran por detrás de otros”.


También las escenas ambientadas en el planeta Vulcano fueron alteradas para obtener unos efectos visuales mucho más convincentes. Daren R. Dochterman comentaba el por qué se acometieron estos cambios y en qué consistieron: “Algo en la secuencia de Vulcano no me convencía. Vemos a Spock justo antes del segundo paisaje, está protegiendo sus ojos del Sol. Pasamos a la siguiente toma y no sólo no hay Sol, sino que no hay cielo, no se sabe bien qué se ve. Ahora, no sólo tenemos Sol, hay un cielo naranja precioso, tenemos el templo de Vulcano y esas increíbles estatuas que ya estaban en los planes originales. Ahora tenemos todo eso”. Incluso V’Ger no se libró de estos nuevos efectos que realzaron su presencia en pantalla: “V’Ger supuso un desafío interesante ya que durante la película se ven partes de él mientras el ‘Enterprise’ lo sobrevuela. Al final resulta ser algo enorme. Pero en realidad la audiencia nunca llega a verlo en su totalidad. Se generó un modelo increíble en tres dimensiones que nos permitió lograr los ángulos que habías planteado”.


Star Trek: La Película” fue la rampa de lanzamiento de una longeva saga cinematográfica, sin olvidar que también surgirían nuevas series que satisficieron las ansias de los “Trekkies” por nuevas historias, aventuras y personajes. La siguiente secuela, “Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982) traería consigo una serie de cambios que no sólo empezaron por la elección de un nuevo director. Pero eso se contará en el futuro.

Star Trek: La Sinfonía del Almirante Goldsmith

Comparatio…

Andar, respirar y pensar son tres actividades necesarias y muy gratificantes que siempre llevo a cabo cuando quiero alcanzar esa idea que rige toda buena historia. Esta ocupación heredada del peripatético (1) más ilustre de cuantos ha conocido este mundo, el gran Aristóteles -filósofo que siempre me acompaña en mis largos y placenteros paseos-, es la que inspira, a la postre, la mayor parte de mis escritos. Este caminante ungido por los dioses y bendecido por las musas escribió en el siglo IV a.C. la obra, “Ética Nicomáquea” o “Ética a Nicómaco”, que además de ser uno de los primeros tratados conservados sobre ética y moral, es el texto que ha inspirado mi especulación sobre la música que Jerry Goldsmith escribió para la película “Star Trek: La Película”, producción de la “Paramount” que Robert Wise dirigió en 1979. A priori puede parecer descabellado intentar casar las piezas de este rompecabezas si solo se toma como primer elemento de la reflexión el nombre de los protagonistas, de ahí que hilar la imagen de Aristóteles con la de Goldsmith, y también, con la de “Star Trek” parezca un auténtico disparate. Las respuestas, como de costumbre, las encuentro merodeando por la frondosa ribera de un pequeño y simpático arroyuelo que serpentea con demasiado descaro por mi localidad, un lugar de encuentro donde las parcas, caprichosas y esquivas, juegan cortejando mi paso. Es en la obra de Aristóteles donde aparece la idea que sirve de pórtico a mi primera especulación, juicio que, a su vez, se encuentra en uno de los comentarios que Joannis Magiri (2) realizó al libro V, cap. III de esta ética, y que reza así: “Comparatio autem illa duobus modis est instituenda”.


Utilizando la traducción que mi buen amigo Cesar L. Alonso Roque ha hecho del texto: “Sin embargo, aquella comparación debe ser instituida de dos maneras”, encuentro que la idea aristotélica plantea dos caminos a seguir que condicionan la causalidad –inscrita en un espacio y en un tiempo determinado- que está implícita en la realización de una de las obras musicales más importantes de los últimos tiempos. Esta comparación que acompaña a la saga galáctica de “Star Trek” viene determinada por la confrontación que siempre se ha establecido con la que creara en 1977 el productor y director George Lucas, “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, 1977) quizás, la película galáctica más famosa de todas las épocas. Por esto, y cito textualmente: “Aquella comparación debe ser instituida de dos maneras”, una, referida a la comparación que se establece entre ambas, y otra, descrita a partir de la renuncia, estúpida y pueril, que muchos argumentan para posicionarse de uno u otro lado. Esta posición discriminatoria –elegimos y renunciamos- no solo acontece con la música de estas sagas, sino que se da con bastante asiduidad en otras manifestaciones artísticas. Empleando un lenguaje más trivial se puede decir aquello de: “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”, expresión que explica, con otras palabras, esa “Comparatio” de la que hablaba unas líneas más arriba, y que, de un modo visceral, incita a una interesante reflexión sobre la posición que ambas odiseas musicales ocupan en el universo de la ciencia ficción. Por tanto, y a tenor de lo expuesto, no es cuestión de establecer una comparación de conducta entre ambos músicos, “Comparatio” que queda anulada por la calidad de amabas obras. Aun así, es muy difícil abstraerse de esa típica y tópica conversación de taberna –ahora se podría extrapolar a las redes sociales- en la que los contertulios, embriagados de razones miles, exponen sus preferencias sobre estas comparaciones. Ya se sabe.


¿Y a ti, quién te gusta más, Williams o Goldsmith?” –por alusiones, “Star Trek” o “Star Wars”- o también, podría formularse de la siguiente forma: ¿Y tú, de quién eres, de “Los Rolling” o de “Los Beatles”?, preguntas “De andar por casa” que nos hemos formulado una y otra vez encendiendo los debates de taberna sin llegar, y eso es una constante, a ninguna conclusión satisfactoria, más allá de mostrar la ignorancia que muchos exhiben cuando entran en estas acaloradas discusiones y/o comparaciones intrascendentes que no aportan nada al desarrollo de la cuestión. Por tanto, no se trata de discriminar lo uno de lo otro, como se acostumbra a hacer utilizando argumentos peregrinos, desde luego que no es esa la tesis a exponer, sino que se trata de construir una reflexión coherente que deje a esta comparación –“Comparatio autem illa duobus modis est instituenda”- en una mera anécdota basada en la preferencia del uno sobre el otro.


Pienso que esta breve introducción, más metafísica que física, es necesaria para comprometer la realidad de una obra, la de Jerry Goldsmith, que ha dejado para la historia de la música cinematográfica uno de los “Leitmotivs” más espléndidos y cromáticos de cuantos se han escrito para una película de ciencia ficción, melodía que juega en la misma división que la que compuso John Williams para “La Guerra de las Galaxias” (Star Wars, George Lucas, 1977). Sin establecer comparación alguna entre las dos sagas –más compleja la de “Star Trek” (3) - paso a comentar la creación y elaboración de la música de esta odisea espacial compuesta por Jerry Goldsmith.

USS Enterprise

Hablar de “Star Trek” como concepto, es hablar, en última instancia, del crucero de batalla “USS Enterprise”, una nave de la “Flota Estelar” de la “Federación Unida de Planetas” que durante el transcurrir de la saga ha surcado el universo defendiendo la esencia de una franquicia que, más allá de las diferencias generacionales, ha cautivado como ninguna otra a millones y millones de “Trekkies”. El “USS Enterprise” no solo representa una idea comercial que ha desembocado en un feroz “Merchandising” con denominación de origen-un “Logo” reconocido y reconocible-, sino que también simboliza, y esto es lo más importante, una idea filosófica que ha trascendido lo meramente comercial. Sin ser demasiado pretencioso con esta afirmación se puede argumentar que la filosofía que encarna “Star Trek” está basada en unos principios muy sencillos que giran en derredor del hombre como pilar básico de su propio discurso, una nostálgica predica asentada en la idea de un mundo mejor que viaja junto a la esperanza en el “USS Enterprise”, un viaje interplanetario que también emprendería el escritor británico Arthur C. Clarke (4) con su navío interestelar “Magellan”.


Los artífices de esta filosofía son Robert Wise y Jerry Goldsmith, este último, el músico que completaría con éxito la misión del “USS Enterprise”, empresa que busca nuevas formas de vida, reconocer mundos inexplorados y defender los territorios de la Federación, todo ello bajo la continua amenaza de las civilizaciones hostiles que luchan por el control del espacio. Es en esta lucha de contrarios, del bien contra el mal, donde el músico pone los acentos escribiendo una partitura que toma como primera referencia al navío frente a la amenaza exterior, algo que también utilizaría James Horner en la creación de su obra, “Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982) (5) que nos es otra cosa que una afortunada continuación de la de Goldsmith. Teniendo claras estas premisas es más fácil entender la aventura que el director y el músico emprendieron en 1979 a bordo del “USS Enterprise”, en lo que fue el primer episodio de la saga; uno, como capitán de navío, y el otro, como el almirante del mismo…

Capitán Wise

La contratación del director estadounidense Robert Wise para dirigir la primera entrega de la saga galáctica más interesante y conocida de la televisión norteamericana no fue tan sorprendente como pudiera parecer, ya que el director de Indiana había coqueteado con el género en producciones tan atractivas –siempre en la serie “B”, de la que se nutre la estética “Trekkie”- como “El Ladrón de Cadáveres” (The Body Snatcher, Robert Wise, 1945), “Ultimátum a la Tierra” (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951) o “La Amenaza de Andómeda” (The Andromeda Strain, Robert Wise, 1971); películas de “Ciencia Ficción” que el cineasta dirigió antes de enrolarse en la tripulación del “USS Enterprise”, una decisión tan acertada como necesaria. La franquicia necesitaba a un director con experiencia y talento que pusiera en la órbita comercial –“Star Wars”ya había saltado al hiperespacio- una idea que había funcionado con éxito en la pequeña pantalla. Esta decisión supuso un salto de calidad a todos los niveles que colocó a “Star Trek: La Película” en el lugar que se merecía, situación que la emparentó, por mor de las comparaciones, con la saga galáctica ideada por George Lucas. Lo cierto es que Wise se enfundó el mono de trabajo para continuar con una estética y una ética henchida de romanticismo que siempre ha acompañado a los personajes creados por Eugene Wesley Roddenberry a mediados de los 60. Sin perder un ápice de su esencia -rasgo original que en las últimas producciones brilla por su ausencia- el director comprendió que una decisión continuista del ideario “Trekkie” sería lo más adecuado para no defraudar a las legiones de incondicionales que la serie había reclutado a lo largo de los años. Esta decisión continuista de Wise y su equipo se vio amenazada por la necesidad de encontrar a un músico que fuera capaz de reinterpretar ese romanticismo que tan bien supo descifrar el compositor norteamericano Alexander Courage con la composición del “Leitmotiv” principal de la serie, una fanfarria que todos los músicos de la saga, incluido Goldsmith, incorporarían años más tarde a sus partituras. Con las ideas muy claras y la lección bien aprendida el equipo de producción con Wise a la cabeza llamó a Goldsmith para encomendarle una de las misiones más interesantes de su carrera, poner música a la nave intergaláctica “USS Enterprise”, la gran protagonista de la película, al menos en esta primera entrega.


La relación de Wise con Goldsmith se remonta a unos años antes de la realización de esta obra, cuando los dos cineastas coincidieron en la película, “El Yang-Tsé en Llamas” (The Sand Pebbles, Robert Wise, 1966), primera colaboración que dio como resultado una nominación a los “Oscars” de la Academia y una de las partituras más inspiradas del músico de Pasadena. El vínculo entre ambos auguraba un resultado satisfactorio que, aunque fue así, trajo, en más de una ocasión de cabeza al músico, que tuvo que reescribir parte del material por diferencias con el director y el equipo de producción. Aun así, Jerry Goldsmith compuso una fantástica banda sonora que todavía hoy, junto al “Leitmotiv” de Alexander Courage, representa la esencia –imagen- de “Star Trek”, una franquicia que con los años ha ido perdiendo fuelle. Fue en 1979 cuando el “Capitán Wise” y el “Almirante Goldsmith” iniciaron la aventura espacial que llevo al “USS Enterprise” a surcar el espacio exterior en busca de aventuras.

Almirante Goldsmith

La premisa estaba clara, construir la partitura en derredor de un “Leitmotiv” que diera vida a la “USS Enterprise”, y por ende, a la saga en sí misma, pues como he comentado con anterioridad hablar de la saga de “Star Trek”, es hablar, en última instancia, del navío “Intergaláctico”. Teniendo sobre la mesa la reconocible melodía de Courage, más estática y genérica, Goldsmith trabajo sobre la idea del movimiento como idea principal de la historia escribiendo una espectacular melodía que representa la esencia –filosofía, ética y estética- de la nave “Intergaláctica”. Su melodía, más dinámica y efectista que la de Alexander, vincula de un modo conciso a la tripulación con la “Enterprise”, decisión que posteriormente quedará enfrentada con la de la beligerante civilización alienígena a la que se enfrentan en un interesante juego de contrarios –la sempiterna lucha del “Bien” contra el “Mal” -que siempre ha acompañado al almirante James T. Kirk y a la tripulación del “Enterprise” en sus numerosas misiones. Lejos de parecer una empresa fácil, esta fue la idea que Goldsmith tuvo que reescribir varias veces porque parece ser que al director y a algún otro miembro del equipo les sonaba a “Música de barcos”… “¡Música de Barcos!”, debió exclamar Goldsmith cuando recibió la noticia, situación que escapaba al entendimiento de un músico que no intuía muy bien aquello a lo que se referían sus colegas. La cuestión es que la corrección convenció tanto al director que no vaciló ni un solo instante –“¡Esto es!..”.-, montando sobre la escena del dique, aquella en la que la “USS Enterprise” está a punto de zarpar, la nueva obertura que el músico había reescrito sobre el tema original. Esta “Consensuada” revisión melódica sirvió para dotar de personalidad, suficiente y necesaria, a la nueva aventura que el capitán Robert Wise y el almirante Jerry Goldsmith emprendieron a bordo de la “Enterprise”.


Con este suculento material en la bodega de carga y todo el arsenal melódico listo para el despegue, a Goldsmith solo le restaba crear un argumento narrativo que describiera a las fuerzas enemigas representadas, ora por los Klingons –enemigos de la federación y la fuerza estelar hasta la sexta entrega de la saga-, ora por la civilización alienígena que lucha contra el almirante por la conquista del espacio. Este “Yin Yang Intergaláctico” se completa con un “Yang”, poderoso e intrusivo, que define con precisión las hostilidades que los alienígenas y los Klingons muestran frente a la fuerza estelar. Goldsmith identifica a las naves Klingons con un “Leitmotiv” poderoso y militarista, basado en la fuerza de los metales, que describe la naturaleza de estos extraños humanoides. A partir de aquí, estas dos ideas, contrapuestas y diferenciadas, se irán alternando a medida que vayan apareciendo en escena los Klingons y la “Enterprise”. Este recurso narrativo será utilizado años más tarde por James Horner para recrear de una manera brillante las encarnizadas batallas que se dan cita en la “Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982), la segunda película del universo “Star Trek” que dirigió Nicholas Meyer en 1982. Como olvidar esa inter-relación melódica, temática, al fin y al cabo, que aparece en la batalla de “Mutara Nebula”, una de las contiendas más espectaculares de toda la saga. Sin llegar al extremo belicista de la cinta de Meyer, Goldsmith planteo su propuesta con tanta inteligencia que la mayoría de los músicos siguieron sus planteamientos otorgando todo el protagonismo a estas realidades que son la esencia de la franquicia, sus protagonistas, a los que Goldsmith, con sus acertadas melodías, proporciono credibilidad y consistencia temática.


Otro aspecto a reseñar de la obra es el aire romántico que el músico supo insuflar a la mayor parte de sus melodías, romanticismo de cartón piedra que, por mor de su ideario audiovisual, queda a merced de la empatía “Trekkie”, un espíritu de serie “B” que nunca debió perderse –vestuario, efectos visuales, diálogos y música-, carácter que ahora las nuevas tecnologías han terminado por dilapidar. Esa es la realidad que los almirantes Goldsmith, Horner, Rosenman y Eidelman, garantes de la esencia musical “Trekkie”, entendieron que no podían excluir de sus partituras, pues de haberlo hecho habrían caído en el mayor de los pecados conocidos, a saber: la “Descontextualización” musical, algo tan imperdonable para un compositor del universo de “Star Trek” que el mero hecho de pensarlo ya constituye en sí un delito de alta traición. Este romanticismo que Goldsmith circunscribe al personaje de Ilia, una delta procedente del planeta “Delta IV”, para la que el músico escribe una melodía henchida de nostalgia, le sirve al director para comenzar la película de una manera inusual –un fundido en negro donde solo se escucha la melodía de Ilia- justo antes de que aparezca la fanfarria de los créditos iniciales y, sin solución de continuidad, el tema que acompaña a las naves Klingons. Es curioso observar como en tan solo seis o siete minutos Goldsmith es capaz de presentar las tres líneas argumentales sobre las que se construye la partitura, la idea romántica de Ilia, la fanfarria de la “USS Enterprise” y el tema de los Klingons, algo que estaba y está al alcance de muy pocos.


Como he argumentado con anterioridad, hablar de “Star Trek”, es hablar de la “USS Enterprise”, y esto es lo mismo que hablar del almirante Goldsmith, un músico que lejos de palidecer frente a la gran epopeya galáctica que había creado unos años antes John Williams –no hay “Comparatio” que valga-, se creció ante un extraordinario proyecto que demandaba una melodía reconocible que definiera la esencia de una saga donde la música de Alexander Courage había marcado el camino. “Andar, respirar y pensar”… Visto con la distancia que proporcionan los años se puede decir que la melodía compuesta por Jerry Goldsmith es hasta la fecha la verdadera imagen de “Star Trek”, es, por así decirlo, la imagen “Trekkie” de una música galáctica.

Curiosidades:

Se contrató al mismísimo Orson Welles (Recordemos, por aquel entonces “Ex amigo” de Robert Wise) para que narrase los “Trailers” de la película.

Entre las entidades que colaboraron como consejeros técnicos de la película destacan la “NASA” o el “Instituto de Tecnología de Massachussetts”.

Asimismo, toda una personalidad de la “Ciencia Ficción” como Isaac Asimov ejerció como colaborador técnico.

Los actores odiaban tanto sus uniformes debido a las ayudas que precisaban para poder quitárselos que una de las condiciones que exigieron para aparecer en las secuelas fue la de llevar puestas nuevas prendas.

• Persis Khambatta exigió un seguro en caso de que sus cabellos no le volviesen a crecer, pero para alegría de la actriz recuperó su pelo.

• Gene Roddenberry decidió utilizar el tema principal de Jerry Goldsmith para su serie “Star Trek: La Nueva Generación” (Star Trek: The Next Generation, Gene Roddenberry, 1987-1994).

• Star Trek: La Película” tiene el curioso honor de ser la primera película en tener un “Happy Meal” de “McDonald’s” basado en el cine.

• Robert Wise lo pasó tan mal rodando la película que en alguna ocasión consideró abandonar la producción, e incluso llamó a “Paramount” para pedirles que cancelasen el rodaje, cosa que no hicieron.

• Star Trek: La Película” llegó a figurar en el libro “Guinness” de los récords como la película más cara de la historia, aunque tras el estreno de “Superman II” (íd, Richard Lester, 1980) se consideró que tanto ésta como “Superman: El Film” (Superman, Richard Donner, 1978) debían ostentar el récord. La causa fue que las dos películas se rodaron y financiaron al mismo tiempo como si de una sola película se tratase. En total, el coste sería de 109 millones de dólares.

• William Shatner no quedó muy entusiasmado cuando vio el montaje original de 1979 el día del estreno, hasta el punto de predecir que ahí se había enterrado la posible saga. Se equivocó completamente.

Ésta es la única película de la saga que obtuvo una calificación “G”, es decir, para todos los públicos. El montaje del director se calificó como “PG”.

Hasta el estreno de “Star Trek” (íd, J.J. Abrams, 2009), ésta era la única película de la saga que sobrepasó las dos horas de duración.

• Gene Roddenberry había bromeado con dar el papel de Kirk a Richard Burton y el de Spock a Robert Redford, pero algunos medios se tomaron en serio sus chistes y publicaron noticias que daban por hecha la presencia de los dos actores

Se han señalado los paralelismos entre ésta película y otra dirigida por Robert Wise, “Torpedo” (Run Silent Run Deep, Robert Wise, 1958) en lo que a la relación entre Kirk y Decker se refiere. El episodio de la serie televisiva, “Balance of Terror” también fue influido por esta película.

Entre los actores que se barajaron para interpretar a Decker destacan nombres como los de Lance Henriksen, Tim Thomerson, Andrew Robinson (Quien años más tarde obtuvo el papel de Elim Garak en “Star Trek: Espacio Profundo 9”) o Frederic Forrest, por citar los más conocidos.

Parece ser que una de las personas que Gene Roddenberry barajó para que escribiese el guión fue nada menos que Michael Cimino, pero éste rechazó la oferta. Quizás por su desprecio abierto a la ciencia ficción, puesto que solía decir que él prefería vivir en el mundo real y crear historias a partir de él.

Otra de las personas a las que se tantearon para escribir el guión fue Steven Bochco, justamente coguionista con Cimino de la primera película de Douglas Trumbull como director, “Naves Misteriosas” (Silent Running, Douglas Trumbull, 1972). Pero rechazó igualmente la oferta, aunque adujo que estaba muy ocupado con otros proyectos.

El interior de V’Ger fue diseñado por Syd Mead, un diseñador especializado en entornos y cosas futuristas cuyo trabajo más célebre fue en “Blade Runner” (íd, Ridley Scott, 1982).

• Leonard Nimoy no se mostró muy satisfecho con el resultado final de la película. Aunque admitía que estaba bien hecha, pensaba que no se había profundizado en los personajes y que se dio más importancia a los efectos especiales.

• Star Trek: La Película” es una de las pocas obras de la época que contó con una escena de obertura antes del logotipo del estudio y los créditos.

El plató estuvo cerrado a cal y canto para evitar a la prensa y seguidores curiosos, pero también recibió la visita de personajes como Clint Eastwood, Mel Brooks, Tony Curtis o Robin Williams, así como de prensa seleccionada y “Fans” contados.

Apéndice:

(1) Perteneciente a la escuela “Peripatética” –círculo filosófico de la antigua Grecia fundado en el 335 a. C.- que seguía las enseñanzas de Aristóteles. Se dice que esta escuela poseía un jardín por el que paseaban y enseñaban recibiendo el nombre de “Peripatéticos –περιπατητικοί”-, los que pasean. También, en algunas traducciones, se puede encontrar como los “Itinerantes” o “Ambulantes”.

(2) Joannis Magiri, “Aristotelis Ethica Nicomachea Commentationes” (Ricardus Walker, “B.D,” 1842. Pág 237).

(3) Compleja en cuanto a su diversidad temática, ya que la saga de “Star Trek” ha utilizado a numerosos compositores a lo largo de los años, músicos que han creado un universo sonoro tan emotivo como bello. Artistas consagrados como James Horner –“Star Trek II: La Ira de Khan” (Star Trek II: The Wrath of Khan, Nicholas Meyer, 1982)-, el gran continuador de la saga galáctica; o Leonard Rosenman –“Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra” (Star Trek IV. The Voyage Home, Leonard Nimoy, 1986)-, el más clásico de todos; o también, Cliff Eidelman –“Star Trek VI: Aquel País Desconocido” (Star Trek VI: The Undiscovered Country, Leonard Nimoy, 1991), ¡La gran esperanza!, músico que sorprendió a propios y extraños con su fantástica propuesta. A estos ilustres veteranos –algunos ya han partido en el “Enterprise”- les ha sucedido el compositor estadounidense Michael Giacchino –“Star Trek: Más Allá” (Star Trek Beyond, Justin Lin, 2016)-, compositor que ha escrito la música de las tres últimas entregas y que por ahora siembra demasiadas dudas.

(4) Autor de la obra de ciencia ficción, “Cánticos de la Lejana Tierra” que musicalizó Mike Oldfield en su obra “The Songs of Distant Earth”, publicada en el año 1994.

(5) Para más información ver la reseña que escribí para el libro, “James Horner: El Don de La Inmortalidad” (Antonio Piñera, Antonio Pardo Larrosa, “Ed, T&B”, Pág. 45-47).