Ficha Técnica:
Titulo original: “Confessiones of a Dangerous Mind”.
Año: 2002.
País: Estados Unidos.
Duración: 113 min.
Director: George Clooney .
Guión: Charlie Kaufman.
Producción: Bob Weinstein, Harvey Weinstein, Steven Soderbergh, Amy Minda Cohen, Stephen Evans, Jonathan Gordon, Gym Hinderer, Andrew Lazar, Rand Ravich, Far Shariat, Jeffrey Sudkin.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Música: Alex Wurman.
Montaje: Stephen Mirione.
Diseño de producción: James D. Bissell.
Reparto: Sam Rockwell, Drew Barrymore, George Clooney, Robert John Burke, Julia Roberts, Rutger Hauer.
Sinopsis:
“Confesiones de una Mente Peligrosa” cuenta la vida de Chuck Barris, afamado productor y presentador de television. Barris llevaba una doble vida en la que combinaba su meteórico ascenso de popularidad en la pequeña pantalla con los trabajos que debía realizar en la sombra para la CIA.
Crítica:
“Confesiones de una Mente Peligrosa” (“Confessiones of a Dangerous Mind”, 2002) supuso el debut en la dirección de uno de los rostros más populares de Hollywood: George Clooney. Nacido en Kentucky en 1961, Clooney ha pasado a convertirse en una de esas grandes figuras del cine norteamericano gracias a su atractivo, solidez, talento y esa aura de actor clásico que siempre le hizo digno de comparación con intérpretes del calibre de Cary Grant. Pero aunque responda ante el prototipo de estrella de Hollywood sus comienzos no fueron nada fáciles: tras combinar, a finales de los 80, apariciones en series de televisión como “Se ha escrito un crimen” ( “Murder, She wrote”) o “Las Chicas de Oro” (“The Golden Girls”) con películas totalmente tercermundistas como “Return to Horror High” (íd, 1986), “El Retorno de los Tomates Asesinos” (“Return of the Killer Tomatoes!”, 1988) o “Surf Connection” (“Red Surf”, 1988) su carrera cambiaría para siempre cuando aceptó el papel del doctor Doug Ross en “Urgencias” (“ER”) una de los seriales de televisión más populares creado por Michael Crichton y apadrinada por nada más y nada menos que Steven Spielberg.
Convertido ya en una estrella de la televisión, fue inevitable su vuelta al cine, esta vez con películas de primera línea: “Abierto Hasta el Amanecer” (“From Dusk Till Dawn”, 1996) “Un Día Inolvidable” (“One Fine Day”, 1996) o “El Pacificador” (“The Peacemaker”, 1997) que le convertirían en uno de los rostros más conocidos del cine norteamericano, hasta el punto de encarnar a Bruce Wayne/Batman en la inefable “Batman y Robin” (“Batman and Robin”, 1997). El resto, como se suele decir, es historia: películas como “Un Romance muy Peligroso” (“Out Of Sight”, 1998) “O Brother” (“O Brother, Where Art Thou”, 2000) o “Ocean´s Eleven” (íd, 2001) le llevaron a ser actor fetiche de realizadores tan interesantes como Steven Soderbergh o los hermanos Coen, que junto a otros títulos como “Tres Reyes” (“Three Kings, 1999) ó “La Tormenta Perfecta” (“The Perfect Storm”, 2000) ya le consolidarían como una de las estrellas más conocidas del Hollywood moderno.
Clooney, que es una buena muestra de aportación de sobriedad y carisma las interpretaciones independientemente del tipo de película en la que aparezca, siempre tuvo una inquietud cinematográfica mucho más allá que la concerniente a la interpretación. Su grandísima relación con algunos de los cineastas con los que trabaja con asiduidad (Soderbergh y hermanos Coen a la cabeza) le despertó el interés por pasarse al otro lado de la cámara, culimando en el año 2002 (bajo la producción de “Section Eight”, la compañía que el propio Clooney fundó con Soderbergh) a coger uno de esos proyectos malditos de Hollywood, basado en la autobiografía de Chuck Barris.
Barris pasó a la historia como un afamado productor y televisión, padrino de programas de gran calado como “The Newlywed Game” o “The Gong Show”. Su carácter enérgico y dicharachero le convirtieron en de los rostros más conocidos de la pequeña pantalla. Pero la biografía de Barris no hubiera calado tanto en la cultura popular si no fuese porque alternaba su incipiente éxito en televisión con la realización de encargos para la CIA, la agencia de inteligencia de los Estados Unidos. Barris variaba sus programas hasta el punto de que el desarrollo de los mismos le sirviese como coartada para sus trabajos en la sombra, haciendo que por ejemplo algunos concursantes de sus programas realizasen viajes a Helsinki o Berlín Occidental y así levantar las menos sospechas posibles de su doble tarea. La ajetreada vida de Barris (quien por cierto, también era compositor y sobrevivió a un cáncer de pulmón) siempre fue un jugoso caramelo para Hollywood y su siempre presente predisposición a realizar remakes, hasta que Charlie Kaufman, ese peculiar guionista de títulos tan célebres como “Como Ser John Malkovich” (“Being John Malkovich, 1999) de Spike Jonze u “Olvídate de Mí” (“Eternal Sunshine of Spotless Mind”, 2004) de Michel Gondry, se encargase de realizar el libreto del biopic basado en la propia autobiografía escrita por Barris.
Una vez aceptado el peculiar punto de vista de Kaufman sobre la vida de Barris, comienza la producción, barajándose nombres para la silla del director como David Fincher, Bryan Singer (quien aceptó, pero tuvo que declinar la oferta a última hora ante el inesperado éxito de su “X-Men” (íd, 2000) para ponerse cuanto antes a realizar la secuela). Finalmente, se le daría a Clooney la oportunidad de estrenarse como director, entrando de lleno en la producción Section Eight, la compañía fundada por el propio Clooney con su íntimo Steven Soderbergh con el que financian sus películas y algunos proyectos “amigos”. La carrera como director de Clooney culminaría tres años después con “Buenas noches, y buena suerte” (“Good night, and good luck”, 2005), película que basándose también en un hecho real (el conflicto entre el periodista Edward R. Murrow con el señador McCarthy) proporciona a su director un aluvión de críticas positivas y un ya muy merecido respeto como cineasta. Luego llegaría “Ella es el partido” (“Leatherheads”, 2007), con discretísimos resultados de taquilla y crítica, y su última película hasta el momento, la aún inédita en nuestro país “Los Idus de Marzo” (“The Ides Of March”, 2011) volviendo de nuevo a ganarse a la crítica y entrando en muchas quinielas en las ceremonias de premios previas a los Óscars.
Aunque vista a día de hoy, con un Clooney ya asentado como un respetado y talentoso realizador, podemos decir que “Confesiones de una Mente Peligrosa” es una película con una atrevida puesta en escena que se aleja de los convencionalismos propios de algunos cineastas inexpertos. Aún así, ese descaro de Clooney al afrontar el libreto le originó problemas desde el inicio del rodaje, cuando algunos de los productores, temerosos de que la película adquiriese una anti-comercialidad que la postrase al olvido, ejercieron presiones sobre el director hasta el punto de llegar este a amenazar con dejar el proyecto. Una vez finalizada la película, el guionista Charlie Kaufman expresó públicamente su rechazo al trabajo de Clooney, con estas declaraciones (fuente: imdb): “Pasé mucho tiempo trabajando en el guión, pero parece que a Clooney y a mí no nos interesaban las mismas cosas; No tengo ninguna aversión hacia él, pero es una película con la que no quiero que se me relacione”. En su defensa, el director y actor de Kentucky reconocería que sí hizo algunos cambios en algunas escenas, pero con el objetivo de que el estudio pusiese el menor número de detrimentos posibles; y estando los hermanos “manostijeras” Weinstein (tal y como se les conoce en Hollywood) a la producción, no parece para nada una decisión equivocada.
Si hay una palabra con la que podemos definir “Confesiones de una Mente Peligrosa”, es la de curiosa. Partiendo de lo hilarante que pueda ser su punto de partida (recordemos, basado en una historia real), Clooney aparta cualquier síntoma de “amateurismo” para presentar a la película con un gusto visual exquisito y una narración lejana a cualquier tipo de convencionalismo. La película funciona, como la propia vida de Barris, a dos bandas; excelente dualidad de comedia y drama, con excepcional gusto con la combinación entre la sátira y mala baba para una, y la tosquedad y sequedad para la otra.
Clooney dramatiza la vida de Barris como si uno de sus exitosos “reality shows” fuera, con el derroche de sarcasmo, luminosidad y falsa realidad propio del por entonces creciente fenómeno televisivo, con un acertado protagonismo del bizarrismo ya presente en la propia historia real de la curiosa vida del afamado presentador de televisión. El potencial visual y narrativo de la película funciona, detectando en él algunas de las influencias inevitables por aquel entonces de los cineastas que de una u otra forma han marcado a Clooney; y es que, el intento del director de buscar llamativos ángulos de cámara, el admirable gusto del plano imposible y una puesta en escena cristalina evoca a los aciertos visuales de Steven Soderbergh, principal socio de Clooney en Hollywood hasta nuestros días y que ya en su ópera prima (la exitosa “Sexo, Mentiras y cintas de vídeo” [“Sex, Lies, and videotape”, 1989]) se hacía ver como una futura estrella del cine Indie norteamericano y un realizador con excepcional tacto a la hora de colocar la cámara (sin ir más lejos, dirige la fotografía de la mayoría de sus Films). También podemos resaltar otra influencia notable, la de la pareja de cineastas con la que Clooney aprendió tanto en sus rodajes: los hermanos Coen. La vertiente cómica de “Confesiones de una Mente Peligrosa”, tiene al menos un intento de llegar a la mordacidad y socarronería de los realizadores de “Sangre Fácil” (“Blood Simple”, 1984) con la inherente y envenenada rotación hacia terrenos dramáticos tal y como ocurre en todo el tercio final de la película, acorde al propio desenlace final de las andanzas de Barris.
El peso de la película recae enteramente en Sam Rockwell, que ofrece una interpretación arrolladora. Completísimo retrato de Barris, con una sobreactuación para nada molesta en su vertiente cómica, y un dramático retrato de su personalidad en las partes que la película adquiere tintes muchos más oscuros y trágicos. Rockwell brilla especialmente donde “Confesiones de una Mente Peligrosa” se aúpa hacia terrenos mucho más pantanosos, pero resueltos de forma muy honrada, aquellos en los que se abandona toda la diafanidad del mundo televisivo creado por Barris para rotar a todo el componente dramático de la historia. En esta vuelta de tuerca la personalidad de Chuck debe abandonar todo tinte mordaz para afrontar la oportunidad de reflexionar y realizar cambios en su vida, no apartando el amor de la elección de ese camino. Por estos derroteros, que son por los que película camina con mucho más acierto, Clooney nos muestra dos modestos pero muy acertados dibujos de personajes femeninos; por una parte, Penny, (interpretada excepcionalmente por Drew Barrymore) la mujer con todo lo necesario de aportación para que Barris siga un camino lejano a las excentricidades propias de su biografía, y por otra, Patricia (una curiosísima Julia Roberts alejada de los tics propios de sus papeles más célebres) como la “femme fatale” que utilizará a Barris con propósitos no poco desleales.
“Confesiones de una Mente Peligrosa” aprovecha sus dos coyunturas (el retrato del mundo televisivo con el inocente tratado del cine de espías) para denunciar a una sociedad turbia, manejable y fantasmagórica con la recreación de la falsedad del mundo televisivo como telón de fondo, algo que Clooney no abandonadrá, aunque con un aspecto mucho más convencional, en su siguiente film “Buenas noches, y buena suerte”.
Curiosidades:
• Muchas de las escenas, especialmente las que recrean a los famosos realities creados por Barris, están rodados en una sola toma.
• A favor a su amigo George Clooney, Drew Barrymore y Julia Roberts rebajaron sus salarios hasta cobrar sólo 250.000 dólares. Brad Pitt y Matt Damon, hicieron sus cameos totalmente gratis.
• A parte de a David Fincher y Bryan Singer, también se le ofreció el proyecto a David O. Russell, pero rechazó la oferta declarando que no haría una película que trata de “un tío que sólo le gustaba tirarse a chicas y decir que había disparado a gente en la cabeza”.
• Sam Rockwell fue la primera opción de Clooney para el papel de Barris. Antes que George fuese nombrado director, se barajaron nombres como Mike Myers, Ben Stiller o Johnny Depp para el papel.





























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