martes, 12 de febrero de 2013

Crítica de “Batman: Arquitectura Mortal” por Ramón Fermín Pérez Meana



Ficha Técnica:

Titulo: Batman: Arquitectura Mortal.
Guión: Chip Kidd.
Dibujo: Dave Taylor.
Portada: Dave Taylor según diseño de Chip Kidd.
Formato: Libro de tapas duras.
Editorial: ECC Ediciones.
Páginas: 112 pags.
Precio: 13´50 €.
Extras: Algunas páginas con diseños y dibujos previos, adornado todo con diversas elucubraciones de los autores. Resulta bonito.
ISBN: 978-84-15748-31-1.

Sinopsis:

La vieja estación Wayne, uno de los edificios más emblemáticos de Gotham City está a punto de ser derruida para construir una nueva en su lugar. A pesar de sus grandes aspiraciones y la atracción que ejerce sobre mucha gente ha sido un nido de problemas desde su inauguración debido a los numerosos defectos en su construcción, defectos que han llevado a la ruina y el descrédito al arquitecto que la diseñó, así que no parece que su derribo concite una gran oposición. Hasta que Bruce Wayne, promotor del nuevo proyecto, conoce a Cindia Syl, una jovencita de buena familia empeñada en la conservación del venerable edificio. Entonces sí que van a empezar los problemas.

Crítica:

Batman: Arquitectura Mortal” es un tebeo que se sale de lo normal dentro del cómic norteamericano comercial o mayoritario, eso no quiere decir que sea mejor que otros de aspiraciones más modestas, tan solo que tiene unas pretensiones, podríamos llamar “Autorales”, que lo diferencian del montón. Como siempre ocurre, sin entrar a prejuzgar nada, una cosa son las pretensiones y otra muy distinta los resultados.

 
Si “Batman: Arquitectura Mortal” es un cómic de autor habrá que empezar por ver quiénes son sus autores. Al dibujo figura Dave Taylor, no es un nombre demasiado habitual dentro del tebeo de superhéroes, pero a mí me sonaba de algo. Haciendo memoria - la mía es aun peor que la de Stan Lee, Zapatero y Rajoy juntos - recordé que había asistido como invitado al “Salón Internacional del Comic del Principado de Asturias” en una fecha ya lejana, no recuerdo el año exacto pero calculo que sería el 96 o el 97 pues por aquellas fechas Zinco publicó un pequeño álbum - lo que entonces llamábamos un “Prestigio”- protagonizado por el Acertijo y dibujado por él. Lo más destacable en el apartado gráfico es que en Taylor, dibujante británico, se notaban unas influencias del cómic europeo continental poco frecuentes en el mundo anglosajón, el guión era del entonces muy mitificado Matt Wagner. Lo que conocemos desde entonces de Taylor se cuenta con los dedos de una mano y me temo que aun nos sobraría alguno. Y llegamos a Chip Kidd, ilustre desconocido para un servidor, que me imagino es el autentico impulsor del proyecto. Así que lo primero de todo es tratar de enterarse de quien es este señor y la verdad es que se trata de todo un personaje dentro del mundo cultural norteamericano contemporáneo. Chip Kidd es un diseñador gráfico  posiblemente el diseñador de portadas más solicitado en el momento actual. Aparte de esto es hombre involucrado en múltiples campos culturales, ha escrito novelas, ensayos y es miembro de una banda de rock alternativo.

Parece además que desde siempre ha estado interesado en el mundo del cómic  tanto desde la óptica del aficionado como la del profesional, ocupándose del diseño de diversos proyectos de la DC comics generalmente relacionados con Batman. En este sentido el actual cómic parece una especie de “Capricho” personal con el que Chip homenajea a su héroe preferido y al mundo del diseño y la arquitectura. El cómo ha llegado Dave Taylor a un proyecto tan personal es algo que ignoro por completo - no sale en la wikipedia- pero resulta patente que no ha sido una mala elección. La historia se presenta como el típico relato negro de corrupción y dinero. La demolición de la vieja Estación Central de Gotham construida, como no, al amparo de la fortuna Wayne y la “Accidental” caída de una grúa va a sacar a la luz un oscuro entramado de corrupción que ha pesado como una maldición tanto sobre el viejo edificio como sobre quienes la construyeron.

Además estamos ante una historia de Batman, así que por aquí tiene que salir “El Joker” para darle un poco de color al asunto - la verdad es que su intervención resulta bastante forzada- y contaremos con la presencia de un nuevo y enigmático superhéroe apodado Exacto. Pero los auténticos héroes de la historia son el arquitecto, me da que inspirado en el personaje central de “El Manantial”, que arruinó su vida por no doblegarse ante los poderes establecidos - en este caso un malvado sindicalista- y su hijo, que pretende reivindicar su nombre, también tenemos a una jovencita empeñada en la defensa de la vieja estación y un joven periodista que es el primero en detectar el olor a podredumbre. En el apartado de villanos tenemos al Joker, al diseñador de la nuevas estación - al que se nos describe como un cuentista y un embaucador frente a la honestidad roquiza del antiguo arquitecto- y sobre todo al jefe del sindicato de la construcción de Gotham, elemento malo de verdad que no tiene nada que envidiar a ningún capo mafioso. Resulta curioso, pero la figura del sindicalista mafioso, rara en el panorama europeo, es todo un clásico en el cine y la literatura estadounidense, nosotros, cuando se cae una casa, tendemos más bien a pensar que la culpa es del empresario que quiso ahorrar donde no se podía, por mi parte supongo que cuando el río suena - en ambos casos- será por algo. Sea como sea, en este caso, la empresa está libre de toda sospecha, no iba a estar el difunto Sr. Wayne metido en estos chanchullos.


Dave Taylor es el dibujante encargado de plasmar todo esto en el papel, ignoro como llego a este proyecto, quizás sus influencias del cómic europeo de ”Qualite” - ante una obra así parece obligado pensar en Schuiten y sus álbumes “arquitectónicos”- fueron su carta de recomendación. Sea como sea realiza un trabajo muy apreciable y más alejado de sus modelos, el ya mentado Francois Schuiten sobre todo, de lo que a priori podría pensarse. Ante una obra de estas características algo fundamental es la recreación de una época - unos hipotéticos años 30, con algún que otro detalle anacrónico para seguir la moda- y un ambiente. En este aspecto la labor de Taylor es de sobresaliente, con algunos diseños realmente afortunados como el mega-computador de Batman diseñado como si se tratase de una gigantesca radio de válvulas, o el despacho de los arquitectos - tanto el austero y desnudo del padre como el abigarrado del hijo- o los ambientes más cotidianos, como las numerosas oficinas y habitaciones que aparecen en todo el tebeo. Igualmente funciona muy bien el diseño de los personajes, con un Joker realmente elegante y atractivo o “Exacto” con su aspecto de héroe futurista hoy día completamente pasado de moda. Uno de los detalles más simpáticos del libro es el personaje del joven arquitecto, con los rasgos físicos del mismísimo Chip Kidd. En cuanto a su padre, creo que debería de tener los de Gary Cooper, protagonista de la versión cinematográfica de “El Manantial”, la novela de Ayn Rand, pero aquí la verdad es que unas veces se parece y otras más bien no, pero eso pasa en las mejores familias.


Claro que en un cómic la gente tiene que moverse y aquí las cosas ya no son tan redondas, en concreto el enfrentamiento final, que debería ser la apoteosis del tebeo, resulta tan confuso como anodino, pero eso no es culpa solo de Taylor sino que aparece imbricado en un problema mayor que lastra considerablemente toda la obra. La cuestión es la siguiente; “Batman: Arquitectura Mortal” es una obra personal, indudablemente realizada con cariño por personas que han dado lo mejor de si mismos y el resultado es, en aspectos concretos, más que apreciable. Sin embargo tras su lectura no puedo quitarme de encima la idea de que allí falla algo, más exactamente falta algo para poder decir que estamos ante un gran tebeo y no ante un tebeo bonito, cosa que sin duda alguna es.

Supongo que pueden darse varias explicaciones, pero para mí la principal es la indefinición de que adolece el que es, sin duda, el personaje principal de la historia: La vieja Estación Central de Ghothan. La estación central de Gotham es algo fundamental, no solo por ser el desencadenante y el nudo de la historia sino porque en ella se van a desarrollar los acontecimientos principales de la misma. Sin embargo es vista y no vista, primero la vemos en un gran plano general, como un enorme rascacielos - tipo de edificio que tampoco parece el más apropiado para una estación- perdido entre otros muchos y un poco más adelante se nos ofrecen otros dos planos generales, no demasiados explicativos, de su interior, el primero en sus tiempos de esplendor y el segundo en su decadencia. Y esto tiene su importancia porque esta falta de información hace que, por ejemplo, el enfrentamiento final entre Batman y “El Joker” cuya gracia es que se desarrolla no en cualquier sitio, sino en la dichosa estación, resulte absolutamente indiferente para el lector que solo ve cuatro piedras y un reloj imposible de ubicar. (Y no te digo nada si uno se pone a racionalizar lo que allí ocurre, por ejemplo: ¿Cómo llega Batman desde la azotea hasta la planta baja -que es donde está la estación, digo yo- “Afuracando” medio centenar de pisos ?).


De acuerdo, de cosas de este tipo y aun más gordas están llenas los tebeos, pero unas veces funcionan y otras no y aquí, precisamente por las pretensiones del relato, pesan como una losa, quizás porque esta es una historia que gira sobre arquitectura y diseño, es decir sobre la forma que tienen las cosas.

Notas:

Ante la imposibilidad de hacerme una idea cabal de la dichosa estación decidí recurrir a la fuente y buscar por Internet referencias a la neoyorkina estación de Pennsylvania, modelo según el propio Chip de la de la historieta. Aquí pueden encontrarse fotos y hasta videos de la misma, lo primero que llama la atención es que se trata de un edificio de considerables dimensiones pero no alto, un contemporáneo lo describió como parecido a un gran templo romano. También hay fotos de su interior y aquí el parecido es mayor, tanto que las dos viñetas que muestran su apogeo y decadencia están directamente “Calcadas” de fotografías de la misma. La verdad no entiendo muy bien el sentido de colocar sobre ella un gigantesco rascacielos, salvo que Chip Kidd piense que estos edificios son algo consustancial a Gotham City.

Volvemos a un tema muy controvertido, el de los formatos. En los últimos tiempos es frecuente encontrarse con álbumes cambiados de formato respecto al original, en unos casos - los mas- reducidos y en otros ampliados. Debo de reconocer que así como no soy capaz de recordar ningún caso en el que la reducción implique una mejora del original, en el caso de las “Ampliaciones” podría citar más de uno. El motivo es muy simple, el formato típico del cómic norteamericano - el del cómic-book, inalterable desde hace décadas- es notoriamente insuficiente cuando se trata de ciertas virguerías gráficas  Los autores clásicos eran conscientes de ello y tenían buen cuidado de no “Forzar la máquina”, por el contrario los modernos no parecen mayormente preocupados por este tema y con relativa frecuencia dibujan tebeos que por su composición, riqueza de detalles o técnica gráfica piden a gritos un formato mayor. Tebeos como La broma asesina o Los mejores del mundo, son buena prueba de ello, especialmente el segundo. Me da que este es uno de esos, tampoco hace falta recurrir a inventos raros, con un formato tipo álbum europeo bastaría.(Evidentemente también hay ejemplos de todo lo contrario, por ejemplo los “Absolute” de Neal Adams editados por Planeta). Y podríamos acabar hablando de la fortuna Wayne pero como esto ya se prolonga lo dejaremos para la próxima. Ocasiones no faltaran.

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