domingo, 3 de febrero de 2013

Crítica de “Greystoke: La Leyenda de Tarzán, Rey de los Monos” (Hugh Hudson, 1984) por Iván Suárez Martínez



Ficha Técnica:

Titulo original: Greystoke: The Legend of Tarzan, Lord of the Apes.
Año: 1984.
País: Inglaterra-Estados Unidos.
Duración: 131 min.
Director: Hugh Hudson.
Guión: Robert Towne (Con el pseudónimo P.H. Vazak) y Michael Austin basado en la historia de Edgar Rice Burroughs.
Producción: Stanley S. Canter y Hugh Hudson.
Fotografía: John Alcott.
Música: John Scott.
Montaje: Anne V. Coates.
Diseño de producción: Stuart Craig.
Reparto: Christopher Lambert (John Clayton/ Lord Greystoke), Andie MacDowell (Jane Porter), Ian Holm (Capitán Philippe D’ Arnot), Ralph Richardson (El Sexto Earl de Greystoke), James Fox (Lord Charles Esker).

Sinopsis:

1885, en plena selva africana. El barco en el que viajan los nobles de Greystoke naufraga y tendrán que sobrevivir en una casa en un árbol. Allí, Lady Alice Clayton da a luz a un niño, pero ella muere y el padre muere asesinado por un mono salvaje. El niño será adoptado por una simia que lo sustituye por su propio hijo muerto, creciendo hasta convertirse en el “rey de los monos”. Cuando a los 20 años es encontrado por el capitán Phillipe D’ Arnot, éste descubre que se trata del descendiente de Earl de Greystoke y lo trae de vuelta a la civilización, donde intentará adaptarse al tiempo que se enamora de Jane Porter.

Crítica:

Ya el propio y grandilocuente título extra-largo debe poner en guardia al espectador: ésta no va a ser “Otra película” de Tarzán. Lo que Hugh Hudson se propuso con “Greystoke: La Leyenda de Tarzán, Rey de los Monos” fue algo parecido, salvando las oportunas distancias, a lo que Christopher Nolan se propuso con el personaje de Batman: Otorgar “Seriedad y realismo” con todos los medios disponibles a su alcance, sin apenas espacio para la aventura o el humor, e intentar enterrar en el imaginario colectivo anteriores representaciones más o menos afortunadas del personaje.


Las películas de ambos realizadores fueron éxitos de taquilla, aunque Hudson no consiguió el mismo grado de éxito de público y crítica que obtuvo Nolan ni su “Tarzán” generó una fiebre por los héroes atormentados cuyo origen es recreado minuciosamente y que pasan más tiempo preguntándose quiénes son que dedicando tiempo a luchar contra los villanos. Y eso que podríamos bautizar el film de Hudson, jocosa pero no descabelladamente, “Tarzán Begins”.


Greystoke” posee dos partes bien diferenciadas en sus más de dos horas de metraje: en la primera hora asistiremos a cómo “Tarzán” (Un nombre que jamás se menciona en la película; otro vínculo con Nolan, quien se negó a llamar a Selina KyleCatwoman”; en esta reseña llamaré al personaje por su nombre de toda la vida) pasa su niñez y adolescencia en compañía de su familia simia y aprendiendo a sobrevivir en la selva. Las mejores escenas de la película son justo las que transcurren entre la muerte de los padres de Tarzán/John Clayton y la aparición de un Tarzán ya crecidito con las facciones e inconfundible mirada de Christopher Lambert. Esas escenas están rodadas sin diálogos, valiéndose Hudson de las imágenes para describir la narración, en los paisajes más salvajes de Camerún, con los niños actores Danny Potts y Eric Langlois encarnando a Tarzán a las edades respectivas de 5 y 12 años y siendo geniales “Niños salvajes”. En sus escenas llama la atención su total desnudez, en planos imposibles de rodar en el Hollywood de hoy en día.


La aparición en el relato del capitán belga Philippe D’ Arnot (El siempre excelente Ian Holm) proporciona grandes momentos de química entre los dos personajes, con D’ Arnot enseñando a hablar a Tarzán y éste salvándole de más de un peligro en forma de perversos humanos. D’ Arnot, convertido en su “Mentor”, convence a Tarzán para ir de nuevo a la “Civilización”, donde transcurrirá la segunda mitad de película.


Un nuevo mundo situado en el mundo de la alta aristocracia, los banquetes opulentos y las miradas altivas donde Tarzán es prácticamente un espectáculo para los aristócratas escandalizados por sus modales en la mesa o pretendido para ser estudiado en nombre de la ciencia. Una civilización donde descubrirá el horror en el Museo de Historia Natural de Londres con los animales disecados y capturados vivos, entre ellos su padre adoptivo simio, y en cuyos alrededores acabará comprendiendo cuál es su verdadera identidad y lugar. Los únicos humanos que le mostraran su empatía en un mundo que no comprende serán su abuelo el Sexto Earl de Greystoke (Un cariñoso Ralph Richardson en su último papel), el sirviente con retraso mental y Jane Porter (Andie MacDowell), la cual enseñará a Tarzán a cómo comportarse en sociedad enseñándole latín o aprendiendo a bailar y con la que descubrirá el amor.


Pese a que en la actualidad asociemos el nombre de Christopher Lambert con numerosos engendros de serie “B” tirando a “Z”, divertidos o inenarrables según el caso, conviene recordar que se trata de un actor que, con sus limitaciones a cuestas, puede ofrecer estimables interpretaciones en la película adecuada. En “Greystoke” se vale de su atlético físico y del lenguaje corporal para hacer un Tarzán creíble, bien sea convirtiéndose en el nuevo “Rey de la Selva” tras su pelea con el jefe de la manada simia o bien intentando adaptarse a su nueva vida como “Lord Greystoke”, con un plano impagable que refleja su soledad en lo alto de la mansión Greystoke mirando al horizonte.


Hugh Hudson fue uno de los directores británicos surgidos de la escuela de la publicidad de los años 70 que junto con los hermanos Ridley y Tony Scott, Alan Parker o Adrian Lyne pusieron patas arriba la industria británica al tiempo que lograban grandes éxitos en Hollywood para ir cayendo con el paso de los años en el olvido, con la excepción obvia de los Scott. Hudson aporta la impecable factura técnica procedente de su extensa experiencia previa con los spots y con la que triunfó en taquilla con “Carros de Fuego” (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981), luciéndose en especial en las escenas ambientadas en África y haciéndonos partícipes de la humedad y peligros de la selva, una labor apoyada por el impresionante maquillaje de Rick Baker con el que convierte a varios actores especialmente entrenados en gorilas y monos creíbles. En comparación, resulta mucha más aburrida la Escocia flemática…y en el fondo “Salvaje”. Quizás más que la jungla.


Se puede acusar a “Greystoke” de su altivez al pretender “Dignificar” a un personaje que no necesitaba esta operación y de que la decepción para aquellos desprevenidos que esperen encontrar las aventuras propias de Tarzán y su encanto “Pulp” puede ser mayúscula, pero tomándola como simplemente otra visión de Tarzán y no como “La obra definitiva”, acaba resultando una buena película, la mejor realizada por un Hugh Hudson cuya “Carros de Fuego” (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981) no era tan genial como los Oscars decían (Los méritos para que se elevase por encima de su corrección eran Ian Holm y, sobre todo, la icónica banda sonora de Vangelis) ni su “Revolución” (Revolution, Hugh Hudson, 1985), fiasco legendario del cine británico, tan desastrosa como le dijeron.


De paso, también sirve para recordar que otro Christopher Lambert, el de sus comienzos con esta película, sus trabajos para directores/autores como Marco Ferreri, Agnieszka Holland, Michael Cimino o el primer Luc Besson, aquel que sonó para protagonizar el “Nostromo” de David Lean o el de la primera “Los Inmortales” (Highlander, Russell Mulcahy, 1986) fue posible. Acabó siendo rey de la selva más frondosa y peligrosa: La del videoclub del “Todo a cien”.


Curiosidades:

Según cuenta Peter Biskind en el libro “Moteros Tranquilos, Toros Salvajes”, “Greystoke” fue escrita a finales de los años 70 por un Robert Towne que consideraba el guión como el proyecto de su vida. Pretendía convertirlo en su debut en la dirección, rodado para la Warner Bros. y llegó a realizar un viaje a África para buscar localizaciones, pero el coste de la producción se situó en 30 millones de dólares, toda una fortuna para la época. El guión, además, tenía 240 páginas y eso sin tener acabado el último acto. Mientras batallaba por el proyecto, escribió “La Mejor Marca” (Personal Best, Robert Towne, 1982), una historia que los ejecutivos de Warner consideraron más apropiada para que dirigiera Towne, básicamente porque sería mucho más barata, sería rodada cerca del estudio y podrían controlarle mejor que en África. Irónicamente, Towne se pasó de tiempo y presupuesto con la película hasta el punto de tener que vender a Warner el guión de “Greystoke” para conseguir el dinero necesario para completar “La Mejor Marca”. La película tardó dos años en estrenarse y fue un fracaso absoluto que hizo añicos la reputación de Towne.

• Robert Towne acabó tan descontento con los cambios que hizo Hugh Hudson al guión que retiró su nombre de los créditos, poniendo en su lugar…el de su perro. El remate definitivo para Towne fue cuando el guión de “Greystoke” fue nominado al Oscar al mejor guión adaptado, convirtiendo así a su perro en el primer can nominado para este premio.

El legendario productor de “Carros de Fuego” (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981) y uno de los más importantes de la historia del cine inglés, David Puttnam, iba a colaborar nuevamente con Hugh Hudson en “Greystoke”, pero diferencias creativas acabaron separando sus caminos.

Christopher Lambert consiguió el papel de Tarzán tras desbancar a más de 500 aspirantes en un cásting mundial, entre ellos Viggo Mortensen.

Christopher Lambert apenas sabía inglés en el momento de rodar “Greystoke”.

Según comentaba Hugh Hudson, “Me dieron seis meses desde Warner Bros. para tener listo el guión de ‘Greystoke’ y para buscar las localizaciones. Viajé por las selvas de Queensland en Australia, las de Kenya y las de Borneo. Al final me decidí por las de Camerún”.

La modelo Andie MacDowell debutó en el cine como Jane Porter, pero durante el rodaje no fue capaz de desprenderse de su acento americano sureño, por lo que en postproducción fue doblada en su totalidad por Glenn Close. MacDowell quedó tan deprimida que se retiró del cine durante cinco años.

El primer montaje de “Greystoke” era de tres horas. Con la reducción de metraje a 131 minutos desaparecieron varios personajes y algunos secundarios acabaron reducidos a casi cameos.

• Ralph Richardson falleció seis meses antes del estreno de “Greystoke”, siendo nominado póstumamente al Oscar al mejor actor de reparto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada